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Viaje a New York en enero 2026 Viajar en enero de 2026 fue como entrar en una postal invernal, pero con el viento helado golpeándonos la cara a cada paso. Desde el momento en que aterrizamos, el aire frío nos envolvió con esa intensidad tan característica del invierno neoyorquino: seco, cortante y constante. Las calles estaban cubiertas de pequeños montículos de nieve acumulada en las esquinas, y el vapor que salía de las alcantarillas parecía parte del paisaje urbano, mezclándose con el humo de los puestos de comida y el aliento visible de la gente al hablar. Caminar por *Times Square* fue una experiencia completamente distinta bajo cero. Las luces brillaban con más fuerza en contraste con el cielo gris y la tarde que caía temprano. A pesar del frío intenso, el lugar seguía lleno de vida: turistas envueltos en bufandas gruesas, gorros de lana y guantes térmicos, intentando tomar fotos sin quitarse los abrigos. Cada ráfaga de viento parecía atravesar la ropa, obligándonos a refugiarnos en tiendas para calentarnos unos minutos antes de seguir explorando. Uno de los momentos más mágicos fue recorrer *Central Park* cubierto de nieve. Los árboles desnudos, los senderos blancos y el silencio amortiguado por la capa helada creaban una atmósfera casi cinematográfica. El lago parcialmente congelado reflejaba el cielo plomizo, y por un instante sentimos que la ciudad frenética se había detenido. A pesar del frío en las manos y la nariz roja, valió completamente la pena caminar por allí. Cruzamos el *Brooklyn Bridge* en la noche , con las manos entumecidas pero el corazón lleno de emoción. El contraste entre el cielo rosado del invierno y las luces que comenzaban a encenderse en los edificios creó una escena espectacular. Cada paso sobre el puente crujía ligeramente por el hielo acumulado en algunas zonas. En general, fue un viaje marcado por el frío extremo, pero también por la magia especial que solo el invierno puede darle a la ciudad. Enero nos regaló una versión más cruda y auténtica: menos multitudes en algunos lugares, paisajes nevados y esa sensación constante de estar viviendo algo intenso. A pesar de las temperaturas bajas, cada rincón tenía una energía vibrante que nos hizo olvidar por momentos el frío, convirtiendo el viaje en una experiencia inolvidable.