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Los partidos políticos y los independientes. En pocos minutos, el abogado Alejandro Pujá Campos, director de EstudioCiudadano.cl desarrolla el capítulo 1 de la sección Política&Derecho. Los partidos políticos son un mal necesario. Prácticamente no hay encuesta de los últimos años que no ponga a los partidos políticos entre las instituciones con menor popularidad y mayor desprestigio de la república. Hay razones bastante claras para esta percepción. Se trata de instituciones donde hay muy poca gente. La excepción es que un ciudadano participe de un partido político y las actuaciones públicas de los partidos suelen generar más distanciamiento que acercamiento por parte de los ciudadanos. Las personas ven en los partidos políticos un espacio de discusiones estériles y también algunos elementos negativos, cómo erigirse en verdaderas bolsas o agencias de trabajo, desatendiendo sus altos valores, principios y objetivos señalados en sus estatutos. Sin embargo, en nuestro Estado de Derecho los partidos políticos cumplen un rol fundamental para la correcta gobernabilidad y administración del país. Son por esencia, el medio ideal a través de los cuales los ciudadanos deben canalizar sus intereses. Es cierto también que tenemos una sociedad civil organizada, pero, demasiadas veces se confunde la actividad social, la gremial, la sindical con activismo político, cuestión que, incluso, está expresamente prohibido en nuestra legislación para estas organizaciones. Sobre esta materia me voy a referir en otra ocasión. Volvamos, entonces, a los partidos políticos, fundamentales para el funcionamiento de la república. Téngase presente que, a pesar de la poca participación de la ciudadanía, los principales partidos que registra el Servicio Electoral exhiben entre 40 mil y 50 mil militantes, cada uno. Aun así, cuando se trata de ofrecer candidatos, extrañamente, los partidos salen a ofrecer las postulaciones a los famosillos: a los artistas, actores, cantantes, deportistas, animadores, influencers; y a los autodenominados independientes, en desmedro de sus propios militantes, los cuales son ignorados y ni siquiera participan en los procesos de selección de candidatos. Con el paso de los años, ha crecido la cantidad de independientes que llegan a cargos de representación popular apoyados por los partidos políticos. Que la fórmula funciona es cierto, porque las personas tienden a votar por gente conocida, aunque sea el más inepto del grupo. El partido capta un cupo, mejora momentáneamente sus resultados, pero cava su propia tumba. Lo que provoca el partido es un debilitamiento de su propia autoridad y de su funcionamiento. Porque el independiente, tal como esa palabra lo dice, no tiene un compromiso definido con nada ni con nadie. De hecho, es cosa de ver las campañas de los independientes, que están llenas de promesas, una verdadera lista de supermercado, pero, sin principios, valores ni declaración de objetivos políticos de mediano o largo plazo. En definitiva, no se sabe de qué lado es esa persona, de dónde viene y hacia dónde va, lo cual permite que, en cualquier momento, se cambie de posición. Y de eso hay ejemplos frecuentes, como el Partido de la Gente. El Partido de la Gente ha participado de dos procesos electorales en forma muy exitosa. Sin embargo, ha sido incapaz de capitalizar sus resultados en el mediano y largo plazo, quedando sin ningún parlamentario de los que obtuvo en su primera participación electoral. Ahora, el pueblo, la gente, le ha dado una nueva oportunidad, alcanzando 14 puestos en el Congreso. Veremos cuántos conserva en el futuro. Tal vez, el caso más dramático del fraude que pueden representar las candidaturas independientes en los últimos años fue la famosa Lista del Pueblo. ¿Se acuerda de ella? Esa lista de personajes surrealistas que arrastraron, o intentaron, arrastrar al país a aprobar un proyecto constitucional totalitario, discriminatorio, lleno de incongruencias que casi se transforma en un desastre que, el verdadero pueblo, rechazó contundentemente en el plebiscito de 4 de septiembre de 2022, votando en contra de lo que se denominó coloquialmente como un verdadero mamarracho constitucional. Conscientes de sus debilidades institucionales, los partidos recurren a estos los famosos y los independientes, que en la mayoría de los casos son personas que responden sólo a intereses de corto plazo, habitualmente intereses particulares. Todo sea por ganar votos. Terminamos el año 2025 con la presentación de un par de proyectos de ley que buscan disminuir la cantidad de partidos políticos. Que aquellos que tengan menos de un determinado porcentaje de votación de las últimas elecciones, desaparezcan. Que un parlamentario que renuncie o se cambie de partido, pierda el cargo que obtuvo en la votación popular donde el partido lo apoyó... Texto original y completo en: https://www.estudiociudadano.cl/produ...