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La limpieza hospitalaria implica la remoción física de polvo, tierra, residuos orgánicos e inorgánicos, mediante el uso de agua, detergentes y equipos adecuados. No se debe confundir con la desinfección, que consiste en aplicar agentes químicos o físicos capaces de destruir microorganismos patógenos presentes en las superficies. Ambos procesos son complementarios y esenciales para mantener un ambiente seguro. Las normas internacionales y nacionales establecen que la limpieza debe realizarse de lo más limpio a lo más sucio, de las áreas menos contaminadas hacia las más contaminadas, y de arriba hacia abajo. Esto evita la dispersión de microorganismos y garantiza un mayor control de la higiene ambiental. Asimismo, se recomienda usar paños o mopas diferenciados por colores para identificar cada área y prevenir contaminaciones cruzadas. En el caso de la desinfección, se emplean soluciones como hipoclorito de sodio, alcohol al 70%, compuestos de amonio cuaternario u otros desinfectantes aprobados por las autoridades sanitarias. Su elección depende del tipo de superficie, la frecuencia de uso y el nivel de riesgo asociado al área. Por ejemplo, las unidades de cuidados intensivos y quirófanos requieren desinfección más rigurosa que las oficinas administrativas. El personal de limpieza debe estar debidamente capacitado en bioseguridad, uso de equipos de protección personal (EPP) y manipulación segura de sustancias químicas. Además, es necesario cumplir con protocolos de higiene de manos antes y después de cada procedimiento, así como mantener registros de las actividades de limpieza realizadas. Otro aspecto importante es la frecuencia de limpieza y desinfección. Áreas críticas como quirófanos, salas de emergencias y unidades de terapia intensiva deben ser intervenidas varias veces al día, mientras que las zonas de menor riesgo pueden seguir un cronograma más flexible. Sin embargo, cualquier derrame de fluidos corporales o material contaminado debe ser atendido de manera inmediata. La gestión de residuos hospitalarios también forma parte de estas normas. Los desechos biológicos, químicos y punzocortantes deben ser separados, clasificados y eliminados según lo establecido en la normativa de cada país. Una incorrecta disposición de residuos puede provocar brotes infecciosos y riesgos ambientales graves. En conclusión, las normas de limpieza y desinfección hospitalaria no solo protegen la salud de los pacientes, sino que también fortalecen la confianza en la atención sanitaria. Su cumplimiento riguroso es una responsabilidad compartida entre autoridades, personal de limpieza y todo el equipo de salud. Implementar y mantener estos protocolos garantiza entornos hospitalarios más seguros, reduciendo significativamente la incidencia de infecciones asociadas a la atención médica.