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ELÍ, ELÍ, LAMÁ SABACTANÍ: ¡DIOS MÍO, DIOS MÍO! ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO? – Salmo 22 (21) Las profecías bíblicas de Cristo se parecen a un gran rompecabezas. La persona del Redentor sufriente emerge gradualmente a medida que se juntan las piezas. Pero es sobre todo el salmo 22 el que subraya sin ambigüedad lo que ha sucedido en Cristo. No hablamos ante todo de predicciones que puedan encontrarse en determinadas frases sacadas de contexto, sino de una manera más profunda y completa. En el salmo 113 Dios se eleva en su trono, pero desciende para ver el cielo y la tierra. Este verso señala directamente la obra de Cristo, la acción de Dios que envía a su Hijo, el Verbo de Dios que se ha abajado tomando la forma del siervo en favor de cuantos están sentados en las tinieblas y sombras de muerte. Los que están sentados en las tinieblas son aquellos cuyos lamentos llenan la parte más grande del libro de los Salmos. La mirada profunda de Dios se ha hecho realidad en Cristo. Dios se ha convertido en alguien que sufre y este sufrimiento se ha expresado en una lamentación. Las citas repetidas del salmo 22 en el relato de la Pasión muestran que la Iglesia primitiva ha visto la relación. y ha hecho suya la lamentación del salmo 22 ¡Cómo ha debido vivir los salmos Jesús, y éste en especial! En lo profundo de su aflicción, su tentación de desesperación y el espectáculo de cómo su sufrimiento y su transformación adquieren una expresión única. Cristo ha querido compartir la experiencia amarga de todos los que se sienten abandonados por Dios después de haberse abandonado totalmente a su providencia. Asumiendo esta última prueba de ser abandonado por Dios, Cristo ha descendido a las profundidades del aislamiento humano, y ha hechos suyos nuestros sufrimientos. Las cuestiones desesperadas de “¿por qué?” y “¿hasta cuándo?” eran conocidas para aquél en quien la bondad de Dios se ha hecho humana. Todos los salmos de lamentación han llegado a su cumbre en el sufrimiento y la muerte de Jesús. Pero el salmo 22 es el más adecuado para describir el sufrimiento de Cristo porque no alude a ningún pecado propio, y no menciona los derechos del afligido. Aunque se hable de los enemigos, no hay ninguna imprecación contra ellos. En el relato de la pasión, en el lugar en que habitualmente solemos hallar las peticiones contra los enemigos, no existe aquí sino una intercesión por ellos (Lc 23,34). Visto en su totalidad el salmo 22 es una lamentación que ha encontrado su punto de inflexión. Si Jesús ha orado este salmo en la cruz, lo ha debido recitar hasta el final y no sólo el primer verso. La segunda parte es la alabanza de una persona que ha sido librada. Dios responde al grito dado sobre la cruz. Es posible que la frase del relato de la Pascua en Mt 28,10, “Id y avisad a mis hermanos”, sea una alusión al comienzo de la segunda parte del salmo 22,23. Lo mismo se podría decir de Jn 20,17. Se agradece la colaboración de Leonel L. por la interpretación de este bellísimo salmo. Que la preciosísima sangre de nuestro Señor Jesucristo sea derramada en nuestras vidas para gloria de Dios, bien de los demás y salvación de nuestras almas, amén. La paz