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Jardinero Rescató A Millonaria De Ahogamiento... Y Descubrió Que Era Su Vecina Millonaria El agua del lago reflejaba el cielo gris de aquella mañana de marzo. Diego Morales ajustaba las correas de su mochila de herramientas mientras observaba los jardines descuidados que bordeaban la orilla. Treinta y ocho años, manos marcadas por años de trabajo bajo el sol, y una determinación inquebrantable de darles a sus hijos lo que él nunca tuvo: estabilidad. "Papá, ¿puedo ir contigo hoy?" La voz de Mateo, su hijo de nueve años, llegó desde la pequeña cabaña que alquilaban cerca del lago. Era temporada baja para el turismo, lo que significaba menos trabajo de jardinería para las casas de verano, pero Diego nunca se quejaba. "Hoy no, campeón. Tienes que cuidar de tu hermana mientras termino este trabajo." Diego acarició el cabello de su hijo, notando cómo el niño había crecido en los últimos meses. Parecía entender más de lo que debería a su edad. Sofía, de seis años, apareció sosteniendo su muñeca favorita, la que había sido remendada tantas veces que apenas quedaba tela original. "¿Volverás para la cena, papi?" "Siempre vuelvo para la cena, princesa." Diego se agachó para besar su frente. "La señora Mercedes vendrá a revisar que todo esté bien. Pórtense bien." Tres años habían pasado desde que Carolina se marchó. Sin explicaciones, sin despedidas, solo una nota sobre la mesa diciendo que la vida de madre no era para ella. Diego había encontrado esa nota junto al desayuno que había preparado para sus hijos, y desde entonces, cada mañana se aseguraba de que nunca desayunaran solos. El trabajo de hoy era simple: podar los arbustos de una propiedad abandonada al otro lado del lago. El dueño anterior había muerto y los herederos querían vender. Diego necesitaba el dinero. El alquiler vencía en dos semanas y la escuela de Sofía pedía materiales nuevos. Mientras caminaba por el sendero que rodeaba el lago, Diego no podía dejar de pensar en el sobre que guardaba en su bolsillo. Una carta de la universidad, respondiendo a su solicitud para retomar sus estudios de arquitectura paisajista que había abandonado once años atrás cuando nació Mateo. "Aún hay cupo disponible para el programa nocturno", decía la carta. Pero ¿cómo podría estudiar de noche cuando sus hijos lo necesitaban?