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La noticia se recibió ayer a primera hora de la tarde y cayó como un jarro de agua fría sobre Coín. El Rvdo. D. José Amalio González Ruiz. Pepe Amalio para todos, había fallecido en un accidente de tráfico. En cuestión de minutos, el desconcierto se transformó en incredulidad y, después, en un dolor compartido que aún hoy cuesta asimilar. Tenía 54 años. El trágico siniestro se produjo en la mañana del jueves, en torno a las 11.20 horas, en la A-7053, a la altura de Mijas. Según informó el servicio de Emergencias 112-Andalucía, se trató de una colisión frontal en la que se vieron implicados dos turismos y una motocicleta. A pesar de la rápida intervención del 061, Guardia Civil y bomberos, los sanitarios solo pudieron confirmar el fallecimiento del motorista, que resultó ser el padre Pepe Amalio. Otras dos personas fueron trasladadas a un hospital. La conmoción fue inmediata en las parroquias de San Juan Bautista y San Andrés, donde ejercía como párroco, y también en María Auxiliadora, en Villa del Guadalhorce. Allí donde había una comunidad a la que acompañar, había estado Pepe. El Ayuntamiento de Coín decretó, ya en la mañana de hoy, luto oficial como muestra pública de pesar por tan triste circunstancia y en consideración a la labor religiosa, social y cultural que Pepe Amalio había venido ejerciendo con su ministerio sacerdotal, ganándose el inmenso cariño de los vecinos. Un gesto institucional que no hace sino reflejar el sentimiento generalizado de un pueblo entero. Desde esta tarde los vecinos han podido dar su último adiós a Pepe Amalio en la capilla ardiente que ha quedado instalada en la Iglesia de San Juan y que permanecerá abierta hasta esta medianoche. Mañana a las doce del mediodía se oficiará su funeral en el templo mayor de Coín, que será retransmitido en directo por Canal Coín Televisión. Nacido en Málaga el 3 de mayo de 1971, fue ordenado presbítero el 11 de septiembre de 2004. Inició su ministerio en Antequera, como párroco de San Pedro y Santiago, donde permaneció durante diez años y fue nombrado arcipreste en 2011. Allí ya comenzó a forjar su sello personal: cercanía, dinamismo y una especial conexión con los jóvenes, que pronto lo bautizaron como “el cura de los jóvenes”. En 2014 fue destinado a Coín y también a Guaro, dejando huella en cada comunidad. No era un sacerdote de grandes protocolos ni de distancias formales. Era un hombre de conversación sencilla, de escucha paciente, de presencia constante. Tras la misa, se quedaba. Hablaba. Preguntaba. Acompañaba. Su mensaje, repetido al final de tantas eucaristías, hoy resuena con especial fuerza: «Sed felices haciendo felices a los demás». Su dedicación a la pastoral juvenil marcó profundamente su ministerio. Sabía hablar a los jóvenes con claridad y entusiasmo, animándolos a vivir con sentido y compromiso. Pepe era, además, un sacerdote abierto, convencido de que la fe debía tender puentes y no levantar muros. Respetuoso con otras confesiones y sensibilidades, entendía que, por encima de todo, está la fraternidad y el reconocimiento del otro como hermano. Más allá del altar, encontraba en la naturaleza un espacio de serenidad. Profundamente influido por Félix Rodríguez de la Fuente, desarrolló desde joven una pasión por la cetrería que lo llevó a participar en encuentros internacionales y a presidir la Asociación Cetrera del Sur (Acesur). No era extraño verlo compartir su afición con naturalidad, incluso a la puerta de la iglesia. Para él, la cetrería no era solo una práctica tradicional, sino una forma de contemplar la creación y aprender paciencia, respeto y equilibrio. Precisamente esta misma semana había participado en la firma de un acuerdo con el Ayuntamiento para la rehabilitación de la ermita de la Fuensanta, demostrando una vez más su compromiso con el patrimonio y la identidad de Coín. Hoy, Coín, Villa del Guadalhorce, Guaro y Antequera comparten el mismo sentimiento: gratitud por una vida entregada sin reservas y tristeza por una ausencia que deja un hueco profundo. Pepe Amalio fue pastor, guía y amigo. Y, sobre todo, fue un hombre que vivió su vocación desde la sencillez, la alegría y la cercanía. Su legado no se mide solo en años de ministerio, sino en las personas a las que acompañó, escuchó y alentó. En cada joven al que animó a soñar. En cada vecino al que tendió la mano. En cada palabra sencilla que ayudó a encontrar esperanza. Descanse en paz. #noticias