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Hay decisiones que parecen pequeñas, casi inocentes, pero que revelan en quién estamos confiando realmente. En la Palabra de hoy, Dios nos muestra que el verdadero peligro no siempre es el pecado visible, sino la autosuficiencia silenciosa que nos hace dejar de depender de Él. En la primera lectura, David ya no actúa como el joven que confiaba plenamente en el Señor, sino como un rey que busca seguridad en números y fuerzas humanas. Su error no nace de la maldad, sino del miedo… y aun así trae consecuencias. Pero cuando David reconoce su pecado, elige algo que cambia todo: caer en manos de Dios, porque su misericordia es más grande que cualquier falla. El salmo nos recuerda que no es dichoso el perfecto, sino el perdonado, y que confesar el pecado devuelve la paz al corazón. Y en el Evangelio, Jesús es rechazado en su propia tierra, no por falta de poder, sino por la falta de fe de quienes creían conocerlo demasiado. Esta reflexión del Evangelio nos invita a preguntarnos con honestidad: 👉 ¿En qué estoy poniendo hoy mi seguridad? 👉 ¿En mis logros, en mis planes, en mis fuerzas… o en el Señor? Reflexión del Evangelio para fortalecer tu fe y tu esperanza. 📖 Lecturas completas del día: – 2 Samuel 24, 2.9-17 – Salmo 31 (32) – Marcos 6, 1-6 📖 Primera Lectura Lectura del segundo libro de Samuel 2 Samuel 24, 2. 9-17 En aquellos días, el rey David dijo a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él: “Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, y haz el censo del pueblo, para que yo sepa cuántos son”. Joab entregó al rey el resultado del censo del pueblo: había en Israel ochocientos mil hombres aptos para la guerra, y en Judá, quinientos mil. Pero después que David hizo el censo del pueblo, le remordió la conciencia y dijo al Señor: “He cometido un grave pecado al hacer esto. Pero ahora, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque he obrado muy neciamente”. Al día siguiente, cuando David se levantó, el Señor habló al profeta Gad, vidente de David, y le dijo: “Ve a decir a David: ‘Esto dice el Señor: Te propongo tres castigos; escoge uno y yo lo ejecutaré’”. Gad se presentó a David y le comunicó esto, diciéndole: “¿Qué prefieres: que haya siete años de hambre en tu país, o huir tres meses delante de tus enemigos mientras te persiguen, o que haya tres días de peste en tu país? Piensa bien qué debo responder a quien me envió”. David respondió a Gad: “Estoy en una gran angustia. Prefiero caer en manos del Señor, porque es grande su misericordia, y no caer en manos de los hombres”. El Señor envió la peste a Israel desde la mañana hasta el tiempo fijado, y murieron setenta mil hombres del pueblo, desde Dan hasta Berseba. Cuando el ángel extendió la mano sobre Jerusalén para destruirla, el Señor se arrepintió del castigo y dijo al ángel que exterminaba al pueblo: “¡Basta ya! Retira tu mano”. Entonces David, al ver al ángel que castigaba al pueblo, dijo al Señor: “Yo soy el que ha pecado, yo soy el culpable. Pero estas ovejas, ¿qué han hecho? Que tu mano caiga sobre mí y sobre la casa de mi padre”. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. 🎶 Salmo Responsorial Salmo 31 (32) R/. Perdona, Señor, nuestros pecados. Dichoso aquel a quien se le perdona su culpa y queda absuelto de su pecado. Dichoso el hombre a quien el Señor no le imputa la culpa y en cuyo espíritu no hay engaño. R/. Hasta que te confesé mi pecado, se consumían mis huesos, rugiendo todo el día. Porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi savia se había vuelto como con los calores del verano. R/. Te confesé mi pecado, no te oculté mi culpa. Dije: “Confesaré al Señor mi rebeldía”, y tú perdonaste la maldad de mi pecado. R/. ✝️ Evangelio Lectura del santo Evangelio según san Marcos Marcos 6, 1-6 En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y muchos que lo oían se admiraban, diciendo: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí entre nosotros sus hermanas?” Y estaban desconcertados a causa de Él. Pero Jesús les dijo: “No hay profeta despreciado más que en su propia tierra, entre sus parientes y en su propia casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro; sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiró de su incredulidad. Jesús recorría los pueblos de alrededor enseñando. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. 🙏 Si esta Palabra tocó tu corazón, suscríbete, dale like y comparte este mensaje. Así ayudas a que la Palabra de Dios llegue a más personas que hoy la necesitan.