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Lee Colosenses 1: 24, 25. ¿Qué dice Pablo acerca de su sufrimiento por causa de Cristo? Aunque Pablo escribió Colosenses mientras estaba bajo arresto domiciliario en Roma, quizá su mayor sufrimiento se haya debido a no poder trabajar intensamente yendo de un lugar a otro y de una casa en otra como antes (Hech. 20: 20). Estas aflicciones o tribulaciones, de las que Cristo nos advirtió (Mat. 24: 9; Juan 16: 33), «no son comparables con la gloria venidera que se ha de manifestar en nosotros» (Rom. 8: 18). Como les había dicho a los filipenses, ahora se alegra de sus sufrimientos por el bien de los colosenses (Col. 1: 24). Aunque Pablo estaba en la cárcel, «la palabra de Dios no está presa» (2 Tim. 2: 9) y allí en su celda vieron la luz sus cartas a los Filipenses, a los Efesios y a Filemón. Tras su liberación, Dios le inspiró los importantes consejos registrados en 1 Timoteo y Tito. Luego, durante su último encarcelamiento en una prisión romana, escribió 2 Timoteo. En resumen, estos últimos años brindaron a Pablo la oportunidad de escribir una parte significativa del Nuevo Testamento, incluyendo Hebreos. El plan eterno de Dios preveía todo esto y más. La palabra griega que Pablo utiliza en Colosenses 1: 25, generalmente traducida como «administración», es oikonomia. Usada en un sentido limitado (como, por ejemplo, en 1 Tim. 1: 4), se refiere a «la manera que tiene Dios de ordenar las cosas» (Luke Timothy Johnson, The First and Second Letters to Timothy [Nueva York: Doubleday, 2001], p. 164). Eso incluiría el apostolado de Pablo. Pero, en un sentido más amplio, incluye todas las disposiciones divinas que integran el Plan de Salvación. El ministerio de Pablo, el de los demás apóstoles e incluso el de los profetas del Antiguo Testamento (Efe. 2: 20; 3: 5), incluido Moisés, estaba destinado a «que anuncie la palabra de Dios» (Col. 1: 25), todo ello en relación con este plan divino. Aunque analizaremos este tema con más detenimiento en el estudio de mañana, resulta útil en este momento observar que Pablo reconocía que su ministerio no era más que una pequeña parte de un plan divino mucho más amplio y de largo alcance que comenzó a ponerse en práctica «desde la creación del mundo» (Mat. 13: 35; Efe. 1: 4). ¿Cómo armonizan todas tus decisiones con el plan más amplio de Dios? ¿Podemos saber realmente si una decisión es «pequeña»? ¿Cómo podría tener repercusiones mayores que solo se hagan evidentes con el tiempo?