У нас вы можете посмотреть бесплатно Mis Manos Vacías… y Dios Como Testigo или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
Если кнопки скачивания не
загрузились
НАЖМИТЕ ЗДЕСЬ или обновите страницу
Если возникают проблемы со скачиванием видео, пожалуйста напишите в поддержку по адресу внизу
страницы.
Спасибо за использование сервиса ClipSaver.ru
“Mis manos vacías… y Dios como testigo” es una canción sobre pobreza, empatía y fe cuando apenas queda para comer. El protagonista carga el último billete como quien guarda un “mañana” para no caer al abismo, hasta que ve a un hombre temblando en la banqueta con la mano abierta. La mente grita que no se puede, pero el corazón responde que dar también salva, y que hay una pobreza más dura que la mesa vacía: perder la humanidad. Con alma Outlaw Country, esta historia convierte un acto pequeño en una decisión grande: entregar lo que te falta y seguir de pie. Es Outlaw Country de calle y conciencia, donde el valor no se mide por lo que guardas, sino por lo que entregas. Outlaw Country que recuerda a una madre haciendo pan con silencio y fuerza callada, y entiende que Dios no siempre manda dinero; a veces manda compasión para volvernos enteros. Quédate hasta el puente: una oración para que la necesidad no endurezca el corazón y para que la pobreza no mate la compasión. En el coro final, la fe en lo pequeño sostiene y abre un techo por dentro. Si este Outlaw Country te tocó, compártelo con quien necesita creer que aún con manos vacías se puede ganar la vida al ceder. Dale like, comenta qué línea te llegó más y suscríbete para más Outlaw Country con letras reales y mensaje. #músicacountry #outlawcountry #countrygospel #countryhits #countryforajido #newmusic #countryforajidomúsica #countryrock #músicafolklórica #outlawcountry Lírica: Traía el último billete doblado en el bolsillo, como quien guarda un “mañana” pa’ no caer al abismo. La calle estaba fría, el sol casi se iba, y yo contaba pasos… contando la comida. Lo vi sentado en el suelo, temblando en la banqueta, con la mirada rota y la mano abierta. Y mi mente gritaba: “No puedes, te hace falta”, pero el corazón respondió: “Si no das… ¿qué te salva?” Porque hay pobreza que es de mesa vacía, y hay pobreza más dura: perder la empatía. Yo no soy rico, Señor, pero no quiero ser cruel, y en esa lucha pequeña… me acordé de tu fe. Mis manos vacías… y Dios como testigo, yo di lo que me faltaba… y no me hundí en el frío. No tenía nada… pero tenía fe, y entendí que la vida también se gana al ceder. Si hoy el mundo me mide por lo que guardé, que me mida el cielo… por lo que entregué. El hombre me miró sin palabras ni teatro, como si ese billete fuera más que un trato. Yo seguí caminando, pero algo en el pecho se me abrió despacio… como un techo. Pensé en mi madre rezando cuando no alcanzaba, haciendo pan con silencio, con fuerza callada. Y recordé que Dios no siempre manda dinero, a veces manda humanidad… para volvernos enteros. No te voy a mentir: tuve miedo al regresar, a la casa sin nada, a la noche normal. Pero en vez de sentirme más pobre que ayer, sentí una paz rara… como aprender a creer. Mis manos vacías… y Dios como testigo, yo di lo que me faltaba… y no me hundí en el frío. No tenía nada… pero tenía fe, y entendí que la vida también se gana al ceder. Si hoy el mundo me mide por lo que guardé, que me mida el cielo… por lo que entregué. Dios, no me hagas duro cuando falte el pan, no dejes que la necesidad me vuelva animal. Dame un corazón limpio cuando todo sea presión, que mi pobreza no mate… mi compasión. Si hoy me toca aprender con las manos vacías, quédate conmigo… y dame tu guía. Mis manos vacías… y Dios como testigo, yo di lo que me faltaba… y seguí conmigo. No tenía nada… pero tenía fe, y esa fe en lo pequeño… me volvió a sostener. Si hoy el mundo me mide por lo que guardé, que me mida el cielo… por lo que entregué.