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El papá de mi hijo llegó a darle los regalos de navidad, y lo invité a pasar. Al final pasó la noche conmigo, pero me sentí muy mal después. Así que llamé a mi novio para contarle lo que pasó, pero que yo no me moví, mi ex lo hizo todo hasta que terminó, yo solo cerré los ojos y pensé en el. El problema de tocar fondo es que lo escuchas antes de verlo. Esa noche, con el árbol todavía encendido y los regalos abiertos como si nada, yo sentí que todo mi futuro se estaba desarmando en silencio. Tenía el teléfono en la mano, el corazón acelerado y esa mezcla de vergüenza con rabia que te hace hablar demasiado rápido. Tomás estaba al otro lado, y yo ya sabía que cada palabra que dijera podía dejarme sola. Igual abrí la boca, porque si alguien iba a controlar la historia, iba a ser yo. Con Tomás yo aprendí a respirar distinto, como si estar con él me obligara a ser una versión más presentable de mí misma, y eso al mismo tiempo me gustaba y me irritaba. Lo conocí cuando yo ya era mamá y ya traía ese cansancio de haber tenido que madurar a la fuerza, de cargar horarios, mochilas, meriendas y una vida armada con parches. Tomás era el tipo de hombre que habla con calma, que no levanta la voz, que parece seguro sin presumirlo, y por eso la gente le cree todo. Al principio yo pensé que era perfecto porque no venía con drama, y yo estaba harta de hombres que confunden intensidad con amor. Lo que no vi es que su calma también era una forma de poder, una manera elegante de decirte que tú eres el problema sin decirlo. Yo, Daniela, nunca he sido fácil de leer, y eso siempre me ha parecido una virtud. Soy sensible, sí, pero de esas personas que sienten todo amplificado y por eso tienen derecho a reaccionar más fuerte que los demás, porque si yo lo siento el triple, ¿por qué me van a exigir la misma mesura? Tomás me decía que yo era apasionada, que eso le gustaba, que yo lo sacaba de su rutina, y yo me quedé con esa frase como si fuera un contrato firmado. Con el tiempo empecé a medir el amor como una atención constante, como una devoción, y si bajaba un poco el volumen, yo lo interpretaba como abandono. Yo no pedía mucho, me decía, solo pedía que me eligiera todos los días con la misma intensidad que yo lo elegía a él. Mi vida no empezó con Tomás, eso también hay que decirlo, porque nadie llega a una relación limpio, todos traemos residuos. 0:00 Historia principal 11:21 Comentarios de la historia principal 13:34 Actualización 1 22:36 Comentarios de la actualización 1 24:48 Actualización 2 33:23 Comentarios de la actualización 2 35:40 Actualización 3 45:49 Comentarios de la actualización 3