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Este canto está inspirado en el Salmo 47 (46), un himno de entronización que proclama la soberanía universal de Dios. Es un salmo de júbilo solemne: invita a todos los pueblos a batir palmas y aclamar al Señor con gritos de alegría, porque Yahveh es el Altísimo, Rey grande sobre toda la tierra. El salmo no se limita a Israel; su horizonte es universal. Dios reina sobre las naciones, somete los pueblos, gobierna con justicia y establece su señorío más allá de toda frontera. La aclamación no es meramente emocional: es reconocimiento de su autoridad absoluta sobre la historia. El centro del salmo resuena con fuerza litúrgica: «Dios asciende entre aclamaciones, Yahveh al son de trompetas». La tradición cristiana ha visto en estas palabras una figura profética de la Ascensión de Cristo. El Señor resucitado sube al Padre no como abandono del mundo, sino como exaltación definitiva de su señorío. Desde su trono eterno intercede y gobierna con misericordia. Este salmo es profundamente pascual. La alegría no nace del triunfo humano, sino del reinado de Dios. Cantarlo es proclamar que ninguna potencia terrenal tiene la última palabra. Solo el Señor es Rey verdadero, y su trono está fundado en la justicia. María, elevada por gracia y plenamente unida a la obra de su Hijo, participa de esta alegría. Ella canta el Magníficat reconociendo que Dios derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. En su fe humilde se anticipa la exaltación que proclama este salmo: el reinado de Dios se manifiesta en quienes se confían totalmente a Él. Cantado con solemnidad y fuerza, este salmo invita a la alabanza comunitaria. Es oración para asambleas festivas, para celebraciones de la Ascensión, para momentos en que la Iglesia proclama con gozo que Cristo vive y reina. En clave de Laudato si’, este himno recuerda que la creación entera pertenece al Señor. Reconocer su realeza implica asumir una responsabilidad ética: custodiar la tierra, vivir en justicia y construir una paz que refleje su gobierno soberano. Este contenido es estrictamente religioso y cultural, realizado sin ánimo de lucro, sin monetización ni fines comerciales. Su única finalidad es la oración, la meditación de la Palabra de Dios y la edificación espiritual. La música ha sido generada como apoyo expresivo al texto bíblico, sin explotación económica. Que este canto despierte la alegría de sabernos bajo el reinado de Dios, fortalezca la esperanza pascual y nos enseñe a alabar con la misma confianza con que María glorificó al Señor.