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Por: Crónicas de Ciudad Real Basado en las investigaciones de Antonio J. Martín El siglo XVIII, conocido universalmente como el Siglo de las Luces o de la Ilustración, supuso para Ciudad Real mucho más que un cambio de época. Fue un periodo decisivo de transformación institucional, urbana y tecnológica que sentó las bases de la ciudad moderna. Tras haber sido nombrada capital de la provincia de La Mancha en 1691 —un territorio considerablemente más extenso que la provincia actual—, el municipio se convirtió en el epicentro de un experimento ilustrado sin precedentes. La Primera Industrialización: Relojes y Alta Tecnología A diferencia de la industrialización mecánica del siglo XIX, Ciudad Real vivió una "primera industrialización" a finales del XVIII marcada por la técnica de precisión. El foco de esta actividad fue la Casa de Oficios, integrada en el Hospital de la Misericordia (inaugurado en 1786). En 1797, se estableció allí un taller de construcción y reparación de relojes de pared y de "pupo". Lejos de ser meros objetos decorativos, estos relojes representaban la tecnología punta de la época. Eran herramientas esenciales para las armadas y la industria, permitiendo calcular la latitud y la posición exacta en el mar. Ciudad Real no solo abastecía a la armada, sino también a la propia corte madrileña, situándose a la vanguardia técnica del país. Seguridad y Orden: El Regimiento Provincial y la Santa Hermandad La Ilustración trajo consigo la necesidad de un control estatal más eficiente. En esta época se consolidan dos instituciones clave: El Regimiento Provincial de Milicias: Creado bajo el sistema de "quintas", obligaba a uno de cada cinco hombres (entre 21 y 45 años) a servir durante un año. Sus banderas eran distintivas: aunque lucían el escudo real, las esquinas portaban el escudo municipal de Ciudad Real (el modelo otorgado por Juan II, vigente hasta 1921). Además de su función bélica, actuaban como un cuerpo de seguridad ciudadana precursor de las fuerzas policiales modernas. La Santa Hermandad: Considerada la "abuela" de la Guardia Civil, esta institución se militarizó totalmente en el siglo XVIII. Con sede en lo que hoy es el edificio de Hacienda (frente a la iglesia de San Pedro), contaba con destacamentos en las principales cabeceras de comarca como Valdepeñas o Puertollano. Su eficacia era tal que la de Ciudad Real llegó a ser la segunda más importante de España, solo por detrás de la de Madrid. La Catástrofe: El Terremoto de Lisboa de 1755 No todo fue progreso. El 1 de noviembre de 1755, el gran terremoto de Lisboa sacudió los cimientos de Ciudad Real. El desastre fue absoluto: el 70% de los edificios de la ciudad quedaron destruidos, incluyendo la gran mayoría del patrimonio medieval. La torre de la Catedral se derrumbó por completo y la iglesia de San Pedro sufrió daños estructurales masivos. La reconstrucción posterior, visible aún hoy en los gigantescos contrafuertes de San Pedro, se realizó con materiales más modestos (piedra común en lugar de sillería fina), marcando la estética neoclásica y funcional de la ciudad que hoy conocemos. El Hospital de la Misericordia y el Cardenal Lorenzana Uno de los legados arquitectónicos más imponentes de este siglo es el edificio que hoy alberga la sede de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM). Fundado por el Cardenal Lorenzana y bajo el patronazgo de Carlos III, nació como un hospital-hospicio con una función social compleja. Allí se recluía a personas sin recursos, madres solteras y mendigos bajo la "Ley de vagos y maleantes", no para castigarlos, sino para instruirlos en oficios productivos. Mientras en Sevilla las recluidas fabricaban tabaco, en Ciudad Real confeccionaban ropa y "puñetas" (encajes para los uniformes de los inquisidores), mientras los jóvenes se formaban en la ya mencionada relojería de precisión. Capitalidad y Economía Ganadera El siglo XVIII también fue testigo de una intensa lucha política. En 1751, Ciudad Real perdió la capitalidad en favor de Almagro por influencia del Conde de Valparaíso. Sin embargo, en 1761, Carlos III restituyó el estatus de capital a Ciudad Real, consolidándola como el centro administrativo definitivo. Económicamente, la ciudad floreció gracias a la Mesta. Grandes fortunas, como la del Marqués de Treviño —una de las más importantes de España—, se forjaron gracias a las decenas de miles de cabezas de ganado que pasaban por la provincia. Esta actividad comercial transformó a Ciudad Real en un centro de intercambio de cueros, grasas y carnes, alimentando tradiciones que, como la Pandorga, tienen su origen en este dinamismo económico y social. Conclusión: El siglo XVIII no fue solo un periodo de transición, sino el momento en que Ciudad Real se convirtió en una capital administrativa, industrial y de servicios, superando desastres naturales y desafíos políticos para entrar de lleno en la modernidad.