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Future Rave Mix 2025 Vol.4 | David Guetta & Morten, Seth Hills, Whyng | Best Of Future Rave | • Future Rave Mix 2025 Vol.4 | David Guetta ... «Todo pasa y permanece. El hombre y sus fantasmas prodigiosos» (Pedro Francisco Lizardo, El tiempo derramado) A Sofía y Rodrigo A la Vigirima de las morocotas perdidas vine a conocerla por los cuentos de mi abuela Lilia. Después supe que esa región abarcaba unas tierras legendarias con empinadas cumbres reunidas en torno al río Vigirima, cuyo cauce nace en un punto invisible de la Cordillera de la Costa, recorre la selva lluviosa de ese fértil valle y luego de serpentear entre piedras milenarias entrega sus aguas al Lago de Valencia. Transcurrieron varios siglos o quizás milenios y aquellas tierras rituales se transformaron en un escenario de guerra cuando fueron sacudidas por los cascos de los caballos y las descargas de los fusiles en medio de la Batalla de Vigirima. De esa batalla se sabe que fue la más larga de la guerra de independencia, que se libró en noviembre de 1813, que las tropas patriotas fueron comandadas por el idealista general José Félix Ribas, que las tropas enemigas estaban al mando del realista coronel Miguel Salomón, quien salió por Patanemo hacia Guacara al mando de 1.200 hombres provenientes del Regimiento de Granada, que Bolívar pidió a Ribas que formara las tropas necesarias para hacerle frente, que el mismo Bolívar llegó a pasar revista a su ejército y vio que tenía 2.000 hombres entre agricultores de Caracas, estudiantes y unas pocas tropas organizadas en Valencia, que la batalla llevaba tres días y los realistas no bajaban de las altas cumbres de Vigirima hasta que por fin los patriotas arribaron a esas alturas y lograron desalojarlos; y finalmente, que los extenuados realistas terminaron por retirarse bajo el refugio de la noche para ir a guarecerse en Puerto Cabello. Un siglo después, las emancipadas tierras de Vigirima se habían apaciguado hasta llegar a convertirse en una región feudal que albergaba haciendas de café en tiempos de Juan Vicente Gómez. Todavía está en pie la Quinta Pimentel, que perteneció a la familia de un compadre de Gómez llamado Antonio Pimentel, conocido terrateniente y ministro de Hacienda entre los años 1910-1912. El cuento de las morocotas perdidas de Vigirima tenía su origen en el hecho de que varios terratenientes del siglo XIX y principios del XX, desconfiando de la seguridad bancaria de su época, optaron por enterrar unas botijuelas de morocotas y de otras valiosas pertenencias. Se sabe que a esa manera de ocultar sus bienes la gente de aquellos tiempos le daba el tenebroso nombre de “entierro”. Para hacer más creíble su historia, mi abuela Lilia aseguraba haber poseído una libreta con las señales para hallar el entierro escondido en Vigirima. Inexplicablemente, esa libreta no indicaba a quién pertenecía el entierro ni señalaba linderos de ningún tipo. Según su relato las frases de la enigmática escritura parecían acertijos. Los puntos de referencia eran ambiguos. Todo señalamiento se hacía depender de coordenadas naturales que el tiempo se habría encargado de borrar, como: “las yerbas que sirven de pasto”, “un cerco de palo”, “dos lajas superpuestas”, “la marca de unos caracoles”, “la mata Flor de Baile”, “el paso del río”, “el lado del cerro que va hacia el Molino” y “un costado de las tierras que fueron del Marqués del Toro”. –Es todo lo que ven, hasta donde les alcanza la vista. Según el relato familiar, fue por esa época cuando comenzó a rastrearse el entierro de las legendarias morocotas, sin que faltaran historias como la de aquel difunto que se le apareció a un pariente bajo una luna metálica y amarillenta como una morocota, y le recomendó que no siguiera buscando lo que no se le había perdido. También recuerdo cómo el chispeante humor de mi abuela no perdía la ocasión de rememorar su curiosa historia cuando le pedíamos que nos ayudara a buscar un cachivache extraviado: –¡Mijo, eso está más difícil que el entierro de Vigirima! Hasta aquí llegaba el cuento de mi abuela Lilia. Después viene el paso inexorable de los años con su carga de indiferencia y olvido, la amarga pérdida de tantos ramajes de nuestro árbol familiar y, por último, el día en que ya nadie recordaba a quién seguirle preguntando por la remota historia de las morocotas perdidas de Vigirima. O a lo mejor ya no quede nadie que quiera saber nada de ese misterioso entierro. Y así parece haber pensado mi abuela en una de sus taciturnas reflexiones al final de su vida, cuando le pregunté: ¿por qué aquellos parientes no persistieron en la búsqueda de las morocotas perdidas de Vigirima? –Porque desenterrar los reales de un muerto es pavoso, mijo. fuente: https://prodavinci.com/historias-de-vigiri... #mtb #4k #pedal #ciclismo #bikelife #ciclopaseo #mtblife #echeverri #trek #optimus #vigirima #guacara #carabobo