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“Mi Mano Era el Juez y el Criminal” es una canción dark country en español sobre cargar un frasco letal en la sombra y llegar hasta el borde de la copa con el pulso de un verdugo. La venganza parecía justicia, pero el odio es un fuego que se vuelve contra quien lo alimenta. En una mesa vieja, bajo un foco de ansiedad, el protagonista encuentra a su enemigo solo, bebiendo café de olvido. Entonces escucha una oración sencilla por un padre y todo cambia: descubre que el “monstruo” también carga su dilema. Sella el frasco, derrama el veneno en la tierra y decide que el destino sea juez, no su mano. Un tema dark country crudo, cinematográfico y moral: no se cura el odio hiriendo, se cura siendo leal a la verdad. Si te gusta el dark country con letras profundas, tensión y redención sin milagros, suscríbete al canal y activa las notificaciones para más canciones. -- "DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: Este contenido es una expresión artística del género Dark Country. Todo el contenido asistido por Inteligencia Artificial es ficticio y tiene fines puramente de entretenimiento y relajación." #darkcountry #darkcountryenespañol #countryoscuro #outlawcountry #AlmasPerdidasCountry Lírica: Cargaba el frasco en la sombra, un cristal frío y letal, una gota de silencio... para un juicio personal. Lo rastreé por mil abismos, con el odio por motor, susurrando entre los dientes: "hoy se acaba tu dolor". Lo hallé en una mesa vieja, bajo un foco de ansiedad, bebiendo un café de olvido... en medio de la soledad. Me filtré como un fantasma, sin un gramo de piedad, porque el que se nutre de ira... pierde su propia verdad. Giré la tapa con calma, con el pulso de un verdugo, pero al borde de la copa... me pesó mi propio yugo. ¡Mi mano era el juez y el criminal! Queriendo cobrar... un castigo artificial. ¡Mi mano era el juez y el criminal! Porque el odio es un fuego... que se vuelve contra el sal. No buscaba venganza... buscaba sanar mi hiel, y al mirarlo a los ojos... recordé lo que es ser fiel. Sacó un retrato gastado, lo besó con devoción, y escuché: "Cuida a mi padre... dale hoy Tu bendición". Esa plegaria bendita me rompió todo el esquema, porque el monstruo que yo odiaba... también carga su dilema. Vi sus manos agrietadas, vi su llanto de cristal, y me vi en su mismo rostro... reflejado en el umbral. Comprendí en aquel instante, sin milagro y sin señal: si lo mato con mi mano... me condeno en lo moral. Sellé el frasco con la furia de quien cierra un ataúd, me alejé de aquel infierno... recobrando la virtud. Derramé el veneno en tierra y grité: "¡Señor, no me des paz!, dame el peso de la culpa... por lo que causé hacia atrás". Mañana diré mi nombre, lavaré mi suciedad, no para fingirme santo... sino por honestidad. Si él debe pagar sus deudas, que el destino sea el juez; yo no quiero ser la muerte... quiero ser hombre otra vez. ¡Mi mano era el juez y el criminal! Hoy entierro mi sentencia... en el polvo del umbral. ¡Mi mano era el juez y el criminal! Hoy no gano con su sangre... gano al no querer mentir. Si el cielo guarda silencio, caminaré hasta el final: no se cura el odio hiriendo... se cura siendo leal a la verdad.