У нас вы можете посмотреть бесплатно Cap 54. Mareos y Ansiedad. Podcast La Teoria de la Mente или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
Если кнопки скачивания не
загрузились
НАЖМИТЕ ЗДЕСЬ или обновите страницу
Если возникают проблемы со скачиванием видео, пожалуйста напишите в поддержку по адресу внизу
страницы.
Спасибо за использование сервиса ClipSaver.ru
Web: http://www.amadag.com Facebook: / asociacion.agorafobia Instagram: / amadag.psico Youtube Amadag TV: / @ansiedadamadagcanaltv5545 Esta vez trasladamos un tema del consultorio: Mareos, y su relación con la ansiedad. Muchas personas los temes hasta el punto de limitar seriamente su vida, y es cierto que no deja de ser uno de los síntomas más relevantes para las personas que padecen trastornos de ansiedad. En general, resulta difícil esclarecer las causas exactas de la aparición de este tipo de molestia: puede deberse a un problema en el sistema del oído interno, cervicales, migraña, o hasta lesiones que se hayan podido ocasionar en parte del sistema nervioso. La cuestión es que hay ocasiones en las que la persona pasa por todo tipo de pruebas médicas y no se termina de diagnosticar una causa orgánica que explique su sensación de mareo. Es en este tipo de casos en los que quizás se corresponda más a un proceso psicológico. Algunas de las señales de que los mareos pueden ser causados por ansiedad son: Si tras pruebas médicas e imágenes radiográficas no se puede detectar anomalía que lo pueda estar provocando. En ausencia de medicamentos o factores que podrían causarlo. Si mis sensaciones son persistentes durante periodos de tiempo concretos. En personas con tendencia a la hipersensibilidad al movimiento propio y a los movimientos de los objetos en el medio ambiente. Si los síntomas se agravan en los entornos sobresaturados de estímulos, como supermercados, o al realizar tareas de precisión visual, como leer o al estar frente al ordenador. Cuando el mareo es un síntoma de ansiedad no estamos hablando de vértigos o de un desencadenante biológico, sino de una sensación que se experimenta a raíz de que la persona se expone (o se imagina que se tiene que exponer) a determinadas circunstancias externas que le generan miedo. El sentimiento de miedo es vivido con mucha intensidad y al igual que otros, como hemos comentado al principio, genera determinados cambios en nuestro cuerpo. El miedo hace que activemos las alarmas de nuestro sistema para prepararnos para la huida o enfrentamiento de aquello que nos lo provoca, esto implica respiración agitada, aumento del bombeo de la sangre para que pueda circular más rápido por todo nuestro organismo, tensión muscular, sudoración… existen toda una serie de cambios en el cuerpo que facilitan que se prepare para la acción más inminente. También nuestra capacidad de concentración se agudiza en gran medida por estos procedimientos y, quizás, podamos notar una distorsión en la información que reciben nuestros sentidos, como agudizarse los colores o la luminosidad, o notar como disminuye la capacidad de escuchar lo que sucede a mi alrededor. A veces podemos llegar a asustarnos de estos síntomas que nos provoca el propio miedo, y comenzamos a vigilar si aparecen o no, centrando nuestra atención la mayor parte de nuestro tiempo diario en ello. Por lo que al mínimo cambio de estado físico, interpretamos que se sucederá una serie de complicaciones por las que no nos gustaría pasar. Ante un leve signo de mareo la persona desarrollará una hipervigilancia y miedo hacia el síntoma que, paradójicamente, lo hará cada vez más presente, como cuando podemos advertir que aumenta la intensidad de un dolor prolongado si nos fijamos en lo mucho que nos molesta. En ocasiones el mareo como síntoma de ansiedad puede desencadenarse por exponernos a determinadas circunstancias puntuales que nos dan miedo del entorno, como el tener que dar una conferencia a un grupo de personas o al entrar en una gran superficie; pero también en casos en los que la ansiedad está más generalizada puede vivirse como continuo, como si fuese algo que me acompaña gran parte del día.