У нас вы можете посмотреть бесплатно Las 2 PEORES PRÁCTICAS que pueden acabar tu producción en CULTIVOS DE TOMATES или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
Если кнопки скачивания не
загрузились
НАЖМИТЕ ЗДЕСЬ или обновите страницу
Если возникают проблемы со скачиванием видео, пожалуйста напишите в поддержку по адресу внизу
страницы.
Спасибо за использование сервиса ClipSaver.ru
Estas 2 prácticas pueden destruir tu cultivo de tomates sin que te des cuenta WhatsApp: https://wa.me/3147614920 En la agricultura moderna, donde cada decisión tiene un impacto directo sobre la producción, aún persisten prácticas tradicionales que, aunque han sido heredadas de generación en generación, hoy representan un riesgo crítico para los cultivos, especialmente en especies sensibles como el tomate. Muchos agricultores continúan implementándolas sin saber que, con el paso del tiempo, podrían estar comprometiendo el futuro de su cultivo de forma irreversible. Este video aborda las dos prácticas más peligrosas que aún se realizan en los cultivos de tomates y que podrían llevar a la pérdida total de la cosecha si no se corrigen a tiempo. La primera práctica de alto riesgo es el aporque de tierra a las plantas de tomate. Esta técnica, comúnmente realizada con herramientas como palas o azadones, busca promover el desarrollo radicular al acumular tierra en la base del tallo. Sin embargo, esta acción puede generar una contaminación cruzada de patógenos del suelo, especialmente en zonas donde no se ha realizado una desinfección inicial. Aunque al principio los efectos no son visibles, los suelos con presión latente de hongos y bacterias como Fusarium, Peca bacteriana, Rhizoctonia, Sclerotium o Phytophthora, pueden activarse rápidamente y colonizar la zona radicular, generando un daño severo en las plantas. La mayoría de los agricultores desinfectan la zona de trasplante con productos de síntesis orgánica como peróxido de hidrógeno, ácido peracético o ácido cítrico, y otros usan productos de síntesis química como carbendazim o azoxistrobin. Este proceso es vital para reducir la carga de patógenos en el área crítica del trasplante. No obstante, cuando se realiza el aporque, se está introduciendo tierra de zonas no desinfectadas directamente al cuello de la planta, lo cual rompe con todo el protocolo sanitario inicial y expone a las plantas a infecciones que podrían ser devastadoras. Una estrategia más segura y eficiente para fomentar el crecimiento radicular es el uso de enraizantes hormonales como SAFEROOT DP, formulado con auxinas que estimulan el desarrollo de raíces profundas, o productos como RADIGROW, que además de fitohormonas, aportan fósforo, esencial para iniciar la división celular y el crecimiento radicular. Acompañando a estos enraizantes, es fundamental el uso de productos para mejorar la estructura del suelo, como HUMUS 15, un compuesto rico en ácidos húmicos y fúlvicos que mejora la porosidad, la retención de humedad y la disponibilidad de nutrientes. Un suelo bien estructurado no solo favorece el desarrollo radicular, sino que también reduce significativamente el riesgo de enfermedades. La segunda práctica que puede comprometer gravemente el éxito del cultivo de tomates es el uso repetitivo de los mismos insecticidas, o de insecticidas que pertenecen al mismo grupo químico y mecanismo de acción. Este error común provoca la generación de resistencia inmune en insectos plaga como la mosca blanca, que puede convertirse en un vector letal al transmitir virus que afectan el tejido celular de la planta, como la virosis o chocolatera. Muchos agricultores creen que están rotando adecuadamente los insecticidas solo porque utilizan productos con nombres comerciales diferentes. Sin embargo, lo realmente importante es entender la clasificación química y funcional de los ingredientes activos. Según el IRAC (Comité de Acción de Resistencia a Insecticidas), insecticidas como CONFIDOR (imidacloprid), ENGEO (tiametoxam), PROTEUS (tiacloprid) y BINGO (acetamiprid), aunque comercialmente distintos, pertenecen todos al grupo 4A (neonicotinoides) y actúan sobre el sistema nervioso del insecto. Usarlos en secuencia no representa una rotación real, y es precisamente esta repetición lo que provoca la aparición de generaciones de insectos resistentes. Para evitar este problema, es indispensable hacer una rotación basada en los grupos de acción del IRAC. Por ejemplo, una estrategia de rotación eficaz puede incluir una semana de aplicación de un producto como ENGEO (grupo 4A), seguida de la siguiente semana con un insecticida de un grupo diferente como TURBINE (grupo 29) o OMI 88 (grupo 21A), complementando siempre con un insecticida ovicida como MATCH (grupo 15). Además, se debe incluir un insecticida secundario que ataque otra etapa del ciclo del insecto, como INSEGAR (grupo 7B) o CIROMEX (grupo 17), dependiendo de la formulación utilizada. La correcta rotación química, combinada con el uso estratégico de productos ovicidas y secundarios, es la única manera de prolongar la eficacia de los insecticidas y mantener bajo control plagas como la mosca blanca en el largo plazo. Estas prácticas, el aporque de tierra y el uso inadecuado de insecticidas son responsables de innumerables pérdidas en cultivos de tomate a nivel mundial. WhatsApp: https://wa.me/3147614920 Correo: asesoriasambientalesdelvalle@gmail.com