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Cuando el karma vuelve a Sagitario no llega como castigo ni como premio inmediato, sino como un eco antiguo que atraviesa constelaciones, una fuerza silenciosa que reconoce el camino recorrido y ajusta el rumbo del arquero cósmico. Sagitario, signo de fuego mutable, ha nacido para avanzar, para lanzar su flecha más allá del horizonte visible, y por eso el karma que lo alcanza no se manifiesta en lo pequeño ni en lo trivial, sino en grandes giros del destino, en revelaciones que cambian la visión del mundo y en verdades imposibles de ignorar. El karma en Sagitario actúa como un maestro errante. Durante mucho tiempo, este signo camina confiando en la expansión, en la fe, en la idea de que el universo siempre ofrece una salida más amplia. Da sin medir, promete sin miedo, se lanza sin mirar atrás. En ese andar deja huellas: palabras dichas con fuego, ideales sembrados en otros, promesas que inspiraron o desorientaron. Todo eso queda suspendido en el tejido del tiempo. Cuando el karma regresa, lo hace para mostrar qué flechas dieron en el blanco y cuáles se desviaron por exceso de confianza o por falta de conciencia. Astrológicamente, este retorno suele sentirse como una llamada interior imposible de silenciar. Júpiter, regente de Sagitario, amplifica todo lo que toca, y cuando activa memorias kármicas, la vida se acelera. Aparecen oportunidades que parecen regalos del destino, pero que en realidad son pruebas de sabiduría. No se trata solo de avanzar, sino de comprender por qué se avanza. No se trata solo de tener razón, sino de honrar la verdad con responsabilidad. El karma devuelve situaciones donde la palabra tiene peso, donde la ética se pone a prueba, donde la coherencia entre lo que se cree y lo que se vive se vuelve ineludible.