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LA HISTORIA DE UN CABALLO: Se disipaban las nieblas de la noche. Los primeros rayos de luz de la mañana matizaban de brillantes colores las gotas de rocío. El disco de la luna palidecía, desapareciendo en el horizonte. La naturaleza entera se despertaba; la selva volvía a poblarse. En el patio inmenso de la casa señorial, volvía todo a la vida. Oíanse por todas partes las voces de los aldeanos, los relinchos de los caballos y un zafarrancho continuo en las literas de paja en que los yegüeros habían pasado la noche. —Bueno, ¿quieres terminar ya? —gritó el viejo guardián de la yeguada al abrir la puerta cochera. —¡Vamos! ¿A dónde vas tú —dijo, jugando con la fusta, a una yegua joven que quiso aprovecharse de la apertura para escaparse. Néstor, el viejo guardián de la yegua, vestía un casaquín ceñido al cuerpo por una correa adornada con placas de acero y llevaba el tal o a la espalda, un pedazo de pan en un pañuelo colgado del cinturón, una silla de montar y una brida en las manos. Los caballos no mostraron ofensa ni resentimiento, ni dieron señales de susto por el tono burlón de su guardián; aparentaron no prestarle atención y se alejaron de la puerta a paso lento. Sólo una yegua vieja, de pelo bayo oscuro y de largas crines, enderezó las orejas y se estremeció con todo su cuerpo. Otra yegua joven, aprovechando la ocasión, fingió asustarse y dio un par de coces a un caballo viejo que permanecía inmóvil detrás de ella. —¡Vamos! —gritó el viejo con voz terrible, dirigiéndose hacia el fondo del corral. Entre tanta bestia, sólo un caballo, un caballo pío que permanecía aislado debajo del cobertizo, continuaba sin dar muestra alguna de impaciencia. Con los ojos medio cerrados, lamía el pilar de encima del cobertizo, con aire pensativo y serio. —Basta de lametones —gritó el guardián acercándose a él y colocando la montura y el sudadero sobre un montón de estiércol. Detúvose el caballo pío y, sin moverse, miró con fijeza al viejo Néstor. No sonrió, ni se incomodó, ni se enfurruñó, pero adelantó un paso, suspiró con tristeza y trató de irse...