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La Iglesia de Santa María la Blanca se alza majestuosa a la entrada de Villalcázar de Sirga, una pequeña localidad palentina que respira historia en cada piedra. Desde el exterior, su imponente silueta domina el paisaje de la Tierra de Campos, visible a lo lejos entre campos dorados y caminos que un día recorrieron los peregrinos del Camino de Santiago. Su estilo, a medio camino entre el románico y el gótico, revela la transición artística del siglo XIII. La torre maciza, los contrafuertes robustos y el juego de volúmenes de su fábrica de piedra arenisca evocan fortaleza y espiritualidad, recordando que este templo fue lugar de culto, de refugio y de paso hacia Compostela. Al acercarnos, llaman la atención sus portadas, verdaderas joyas escultóricas cargadas de simbolismo. La portada sur, conocida como la del Cordero, nos recibe con un conjunto de arquivoltas ricamente decoradas donde las figuras de ángeles, apóstoles y santos conforman una auténtica Biblia en piedra. En el tímpano, el Cordero Místico preside la escena, rodeado de símbolos del Apocalipsis, mientras bajo él aparece el Cristo en Majestad, bendiciendo al peregrino que cruza el umbral. Las columnas, adornadas con capiteles labrados de hojas de acanto y escenas bíblicas, conservan aún restos de policromía original. En la fachada norte, la portada de Santiago sorprende por su dinamismo. Aquí, el santo peregrino aparece representado con su bastón y su vieira, invitando a los romeros a continuar su viaje. Esta entrada, algo más sobria, revela su carácter funcional: era la puerta del peregrino, el acceso por donde los caminantes buscaban amparo después de las largas jornadas de camino. Ambas portadas, juntas, resumen el profundo vínculo entre arte, fe y peregrinación que define a Santa María la Blanca. En el interior nos recibe un espacio amplio, de tres naves separadas por pilares octogonales y cubiertas con bóvedas de crucería. La luz, tenue y dorada, se filtra por los ventanales ojivales, creando un ambiente solemne y meditativo. Los muros, desnudos en apariencia, guardan tesoros de gran valor histórico. Destaca el retablo mayor, una obra policromada del siglo XV dedicada a la Virgen Blanca, patrona del templo. Sus tablas narran escenas de la vida de María con un detallismo extraordinario, mientras el conjunto enmarca la imagen titular, una escultura gótica de gran delicadeza. Bajo el presbiterio se conserva la cripta, que algunos historiadores vinculan con los primeros momentos de edificación de la iglesia. Las bóvedas, las nervaduras y la armonía de proporciones convierten este espacio en un claro testimonio del esplendor artístico alcanzado en el gótico castellano. Uno de los rincones más notables es la capilla funeraria, situada en el lado del Evangelio. Aquí descansan los restos de algunos nobles ligados a la Orden de Santiago y al mismísimo rey Alfonso X el Sabio, devoto de esta iglesia. Los sepulcros, labrados en piedra y finamente tallados, muestran figuras yacentes de armaduras y mantos, acompañadas de escudos nobiliarios. El silencio del recinto, apenas roto por la luz que entra por los ventanales, refuerza la sensación de recogimiento y eternidad. Antes de salir, una última mirada permite comprender la grandeza del conjunto. Los ecos del pasado, las huellas de los peregrinos y la devoción mariana siguen vivos en cada rincón. Santa María la Blanca no es solo un templo de piedra: es memoria, fe y belleza en una única obra. Su espíritu permanece, como un faro espiritual en medio de la llanura castellana, guiando a quienes buscan historia, arte y silencio en el Camino de Santiago. #romanicopalentino #villalcazardesirga #romanico #turismocultural #historia