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Entre los guerreros del Úlster, ninguno brilló con la furia y el destino de Cú Chulainn, el Perro de Culann. Nacido como Sétanta, mostró desde niño una fuerza desmedida y un talento imposible de ignorar. Su nombre lo ganó tras matar, siendo apenas un muchacho, al feroz perro guardián del herrero Culann, ofreciéndose luego a ocupar su lugar hasta que otro animal fuese criado. Desde entonces fue llamado Cú Chulainn. Se decía que era hijo del dios Lugh, y en su sangre ardía algo más que humanidad. En combate sufría la ríastrad, una transformación terrible: su cuerpo se retorcía, un ojo se hundía y el otro sobresalía, y se convertía en una fuerza incontenible. Durante la célebre Táin Bó Cúailnge (El robo del ganado de Cooley), defendió casi en solitario al Úlster contra el ejército de la reina Medb. Uno a uno enfrentó campeones, sosteniendo la frontera con honor feroz. Murió joven, como muchos héroes destinados a la gloria breve. Herido de muerte, se ató a una piedra para morir de pie, mirando al enemigo. Solo cuando un cuervo se posó sobre su hombro supieron sus adversarios que había caído... Lyrics. Con espada en alto, surge el protector, en campos teñidos de rojo clamor. El eco en la tierra lo anuncia al marchar, un guerrero nacido en la furia y el mar. Desde su infancia, la muerte enfrentó, cada golpe del hierro su espíritu forjó. En la noche sombría, su estirpe alza voz, como trueno que anuncia: "Soy el feroz." (¡Que retumben los tambores al rugir! Su furia es tormenta, su paso es el fin. Entre sombras y llamas, su rostro es terror, ¡es el sabueso, el último defensor!) (Un rugido salvaje que al viento se va, un canto de guerra que nunca callará. El guardián de Ulster, el hijo del sol, con alma de hierro y fuego en su ardor.) En trance furioso, monstruo en piel humana, su figura se altera, la furia es temprana. Sus ojos de fuego, su grito mortal, deforman el mundo en danza infernal. Ningún rival puede su rabia domar, su sangre enloquece, el acero a matar. Un torbellino en batalla, imparable y fiero, el miedo se extiende, él es el guerrero. ¡Que retumben los tambores al rugir! Su furia es tormenta, su paso es el fin. Entre sombras y llamas, su rostro es terror, ¡es el sabueso, el último defensor! Un rugido salvaje que al viento se va, un canto de guerra que nunca callará. El guardián de Ulster, el hijo del sol, con alma de hierro y fuego en su ardor. De las colinas viene la muerte, su andar indomable, su ira latente. Sus pasos retumban en campo y en piel, nadie lo enfrenta y regresa a ver. ¡Que retumben los tambores al rugir! Su furia es tormenta, su paso es el fin. Entre sombras y llamas, su rostro es terror, ¡es el sabueso, el último defensor!) (Un rugido salvaje que al viento se va, un canto de guerra que nunca callará. El guardián de Ulster, el hijo del sol, con alma de hierro y fuego en su ardor. Y cuando la paz en la noche descienda, y el héroe regrese al lugar de leyenda, que Ulster recuerde su eterno guardián, la furia encendida que jamás morirá.