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César Aguilar Alcedo : Hatun charango Fernando Seminario Bejarano: Piano La Cora Este es un caso particularmente interesante de canción patriótica, pues existe una serie de diferencias entre esta y el resto de las canciones del mismo tipo de Alzedo en tiempos de la Independencia peruana. Mientras el Somos libres, La Chicha y la Despedida de las chilenas remiten a los eventos contemporáneos en forma directa, cada una a su modo, La Cora toma como subtexto una escena mítico-histórica, una fantasía con ribetes de teatro. En ella, el compositor construye una propuesta revolucionaria y nacional a partir de elementos que son, en gran medida e irónicamente, originados en una fantasía europea. La historia de los amantes Cora y Alonso, origen mítico de la canción de Alzedo, se construyó progresivamente a partir de su invención por Jean-Francois Marmontel en su libro Los Incas o la Destrucción del Perú, publicado en Francia en 1777 con gran éxito. Vertido en dos volúmenes, este trabajo tuvo una enorme influencia en la creación de un ideal de mujer indígena americana que es a la vez bella, sumisa, aunque independiente en sus ideas y exótica en su totalidad, una imagen duramente criticada posteriormente por Hector Berlioz en uno de sus Grotescos de la música45. Cora aparece descrita como la belleza y verdad natural en el marco de la tragedia de la conquista del Perú, establecida por Marmontel en un tono clásico similar al de la Eneida de Virgilio. El libro de Marmontel narra diversos hechos históricos, intercalados por una historia de amor que hila los sucesos, cuyos protagonistas son Alonso de Molina personaje ficticio homónimo del escritor y la princesa Cora, virgen del sol46. Alonso, caballero español, se enamora de la bella Cora, a quien ve en un festival sagrado, la conquista y posee en una noche, a un costado del Templo del Sol. Ella queda embarazada y es condenada a muerte, pero Alonso logra convencer a los líderes de la nación incaica de que la verdadera ley es la verdad natural, aquella que radica en el amor y la honestidad. Por esto, ambos son perdonados y celebrados como miembros de una nueva era. Las últimas líneas del monólogo de Alonso son, justamente, las siguientes: "Yo espero que pronto no tendremos sino un mismo altar; y a los pies de él, delante del ser supremo, será donde la religión habrá de santificar los votos de la naturaleza y del amor". La fama del trabajo de Marmontel tuvo como uno de sus principales causantes esta historia de amor entretejida en el acontecer narrativo, por lo que la misma fue rápidamente convertida en libreto para teatro y ópera. Giuseppe Foppa realizó una primera versión para el compositor Francesco Bianchi, estrenada como Alonso e Cora, en Viena en 1786. Giuseppe Bernardoti, por su parte, realizó otro libreto para Simon Mayr, en una versión del mismo nombre, aunque mucho más famosa en su tiempo, estrenada en La Scala de Milán en 1803. Ambas hacían uso de los coros, ballet y escenografía como recursos de exotismo y espectacularidad47. En ambas óperas, Alonso salva a Cora de la explosión de un volcán que destruiría el templo el que fue representado con gran espectacularidad durante el estreno de la versión de Bianchi y Cora es condenada, no por el amorío, sino por haber abandonado el lugar al que estaba consagrada eludiendo así el factor erótico de la historia. No son estas, sin embargo, las únicas versiones cantadas del mito: quizás la propuesta más famosa de todas fue la realizada por Etienne Méhul y titulada simplemente Cora, la que fue estrenada en París en 1791, en pleno periodo revolucionario y que tomaba la historia como eje para una crítica a la Iglesia Católica, representada en los fariseos sacerdotes incas de Marmontel.48 La versión de Simon Mayr y otra de Frederic Reynold estrenada en Londres en 1812 deben entenderse, por otra parte, a partir de la fobia generalizada durante las guerras napoleónicas al rapto y la violación de mujeres por parte de soldados extranjeros. La versión de Mayr fue reestrenada en 1815 como Cora, o la Vergine del Sole, siendo su rol protagónico cantado por el español Manuel García, tenor extraordinario que en la década de 1820 fue uno de los primeros en llevar la ópera a México49. Los distintos usos que se le dio a la historia en estas versiones esconden, en ocasiones, el origen de la intención de Marmontel. En el libro original, la crítica a España y la defensa de la condición natural idealizada del indígena son una constante, mientras que constituyen aspectos ligeramente más irrelevantes en las óperas. Ya su título lo señala claramente al referir el proceso histórico como "la destrucción del Perú". Aunque no tenemos claro si alguna de estas óperas o libretos teatrales fueron estrenados en Perú a comienzos del siglo XIX, la canción de Alcedo apunta claramente a una circulación del mito, porque la letra no concluye la historia, sino que la da por entendida entre los oyentes tanto a nivel de narrativa como simbólico.