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Tzotzonilhuitl (Música para un Día Festivo) Op. 44 para Violín y Orquesta de Arturo Pantaleón LOS RUMBOS DE LA VIDA Y LA TIERRA MADRE Por medio de la obra Tzotzonilhuitl, el compositor Arturo Pantaleón nos da una visión mucho más arraigada dentro de la cultura prehispánica, al simbolizarnos a la Madre Tierra (Tonantzin Tlalli) por medio de esta sonoridad introspectiva y reflexiva del modo Eólico (nombre que viene del griego eolos=viento), siendo por ello una de las obras más personales del compositor, a través de la cual se acerca de manera muy personal a sus ancestros y raíces prehispánicas, alejándose de lo que, escolásticamente por años se ha establecido como “la sonoridad de una música festiva”. Los rumbos cósmicos y las etapas de la vida en la cosmovisión mesoamericana, se refleja numéricamente con el 7, siendo este número el eje estructural de esta obra, estando estas articuladas de tal manera que nos evoca las danzas rituales indígenas por su marcado y constante ritmo (lo que en términos musicales se conoce como ostinato) alternándolo con momentos de canto y evocación, lo que nos da la sensación de escuchar una suerte de ronda musical. El Viaje de los Siete Rumbos comienza con un llamado ritual, invitándonos a participar de esta danza, seguido por una cadencia del solista, el cual, acompañado de las sonoridades de instrumentos, “invoca” los permisos para iniciar con la festividad de Tonantzin Tlalli, guiándonos por medio de este ritual de dicha festividad a través de los siete rumbos, los cuales simbolizan cada etapa de la vida y cada punto cardinal. Significado ritual y simbolismo cultural de esta obra I. Oriente (Tonalnepantla) La primera infancia y el amanecer, lugar donde nace la luz y el conocimiento florido, regido por Quetzalcóatl, color blanco, elemento fuego. II. Sur (Huitztlampa) La adolescencia, lugar de las espinas y la fuerza de voluntad, regido por Huitzilopochtli y Tlaloc, color azul, luz de mediodía. III. Ilhuicatl La adultez temprana, la bóveda celeste, hogar de Ometecuhtli y Omezihuatl. IV. Poniente (Zihuatlampa) La adultez joven, la transformación y el trabajo interno, lugar donde se pone el sol regido por Tonantzin Tlalli y Xipetorec, color rojo, elemento tierra. V. Yolotl El camino del corazón, la senectud, la conexión con la sabiduría interna. VI. Tonantzintlalli La vejez plena, la Venerable Madre Tierra, culminación del ciclo. VII. Norte (Mictlampa) La adultez, lugar del descanso. El movimiento final, Norte (Mictlampa), incorpora el uso profundo de ocarinas, el aguacastle y el atecoccoli (caracola), instrumentos que representan la ancestral ida, dando lugar a la majestuosa figura de Tezcatlipoca, el jaguar negro, la cual irrumpe a través de un rugido, simbolizando la fuerza y la conciencia. Simbolizando los 52 años de un ciclo completo en la cosmogonía indígena (donde cada 13 años se cambia de rumbo), Tzotzonilhuitl celebra la festividad de la vida en su totalidad. Es una obra para violín y orquesta, que trasciende el virtuosismo técnico para convertirse en un ritual de paso, un profundo homenaje a la sabiduría ancestral de la tierra.