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Alemania necesitaba mineral de hierro para su esfuerzo, cada vez mayor en la guerra, a medida que se ampliaban los escenarios de la contienda. Por ello, no era raro ver alguna esvástica en los cargaderos españoles. Los cargaderos de Urdiales, Dícido, Saltacaballo y Ontón, volteaban vagonetas desde veinte metros de altura en los buques dedicados al transporte de mineral. El “Baldur” y su Capitán V. Bohnsack tres veces cargó mineral en Saltacaballo. Llegaba navegando pegado a la costa y pintado de gris, el uniforme de la mar en guerra. Abría sus entrañas debajo del cargadero para engullir más de seis mil toneladas de mineral de las minas de Setares. En la rada abierta de la Tejilla iba hundiendo poco a poco sus calados a son de los trenes mineros hasta llegar al disco, luego se dirigia rumbo a Bayona en el sur de Francia en navegación silenciosa. El joven bilbaino-británico Arthur Dyer, Agente del MI6 en Bilbao, fue quien consultó y pusó en conocimiento de la posición del "Baldur" a sus superiores de la Royal Navy, preparando el desarrollo del golpe mortal al buque nazi. Un colaborador muy eficaz de Dyer fue Manolo Zulaica, que estaba empleado en la Oficina de Prácticos de Portugalete, además de la relación que se mantuvo a través de Ernesto Cassans, empleado bilbaino del consulado británico de Bilbao, proporcionó excelentes resultados. Manolo Zulaica informaba también sobre los agentes alemanes que iban en barcos españoles, sobre los contactos y andanzas de Carlos Imaz, un colaborador de los nazis en los muelles vascos y sobre todo informaba acerca de la carga y destino de los barcos del eje germano. Una información específica que se conseguía a través de sus informes como espia al servicio de los britanicos, fue acerca de los convoyes alemanes que se formaban en Bilbao con destino al puerto de Bayona y a los cercanos altos hornos de Boucau, que trabajaban para la industria de guerra nazi. Cuando alguno de estos convoyes, que iban protegidos por algún buque de escolta o por la aviación, emprendía su viaje, Manolo Zulaica utilizando una clave, avisaba telefónicamente a Dyer, para que rápidamente informase por radio a los servicios británicos sobre la salida ó llegada de los buques, hecho que ocurría generalmente de madrugada. De esta manera la “ Royal Navy” estaba informada de la hora de llegada y partida, así como del rumbo tomado y del número y la composición del convoy de guerra. Manolo Zulaica informaba no sólo de los barcos que llegaban y salían de Bilbao sino de aquéllos que cargaban mineral en la costa, en los cargaderos que estaban situados cerca de Castro Urdiales, Saltacaballos y Ontón. Fue pués Zulaica, quien puesto en contacto con Arthur Dyer informaron al Almirantazgo británico y rapidamente dieron el visto bueno a la operación de "hundir el Baldur", que se organizó con la necesaria colaboración de Dyer, en cuya casa de Las Arenas se reunían para conspirar. Los británicos esperaban el momento oportuno para dar un buen escarmiento y al propio tiempo conseguir un más ambicioso objetivo: inutilizar definitivamente el cargadero, Dicho y hecho. El 23 de mayo de 1944 el Baldur llegó de amanecida a Castro Urdiales; allí, fondeado para los despachos reglamentarios de aduana y sanidad y con el práctico a bordo, viró la cadena y se dirigió al cargadero de Saltacaballo, quedando amarrado a las 11:00 horas de la mañana y empezó a cargar por la correa. No llevaría quince minutos de carga cuando repentinamente se produjo una terrible explosión a la altura de la bodega número tres, el barco pareció saltar por el aire en medio de una nube negra y quedó prácticamente partido en dos pedazos. Los botes salvavidas y los cuatro cañones que llevaba fueron materialmente barridos. Todo el mundo a bordo pensaba en una explosión de las calderas, cuando un marmitón germano vió, de repente, la estela de plata de un nuevo torpedo que navegaba directamente hacia el buque procedente de mar afuera y en la enfilación de Punta Galea. la gente se tiró al agua y en seguida el segundo torpedo, esta vez bajo el puente del barco, conseguía otro impacto certero. Habían pasado unos seis minutos desde que había estallado el primero y a los pocos instantes el barco estaha hundido y adrizado reposando en el fondo. Las superestructuras y los palos emergían a la superficie. El capitán V. Bohnsack no abandonó el buque y se quedó a bordo hasta el final 15 hombres resultaron heridos; dos alemanes y un francés encontraron la muerte, así como el amarrador español del cargadero; todos fueron enterrados juntos, cara al mar, en el cementerio de Castro Urdiales. El atacante fue el submarino de Su Majestad Británica “Sceptre”, una de las unidades de esta clase a las que se le había encomendado la estrangulación del tráfico entre los puertos franceses y los españoles del Golfo de Vizcaya.