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Finales de 1944. Europa está en llamas. El Tercer Ejército, bajo el mando implacable de George S. Patton, avanza sin piedad por territorio francés, rompiendo líneas enemigas y acercándose peligrosamente al corazón de la Alemania nazi. Cada movimiento es calculado, cada decisión puede costar miles de vidas. Pero, en medio del caos de la guerra, Patton percibe que algo está profundamente mal. Planes secretos estaban siendo anticipados. Ofensivas cuidadosamente preparadas parecían ya ser esperadas por el enemigo. No era coincidencia. Patton llega a una conclusión aterradora: había un traidor dentro de su propio cuartel general. Alguien cercano. Alguien con acceso directo a las estrategias más sensibles del ejército estadounidense. Ese hombre estaba vendiendo información directamente al régimen de Hitler, intercambiando la vida de soldados por dinero y beneficio personal. El impacto fue inmediato, pero la reacción de Patton no siguió ningún manual militar. No llamó a la policía militar. No redactó informes oficiales. No esperó investigaciones burocráticas del servicio de contrainteligencia. Para Patton, aquello no era solo un crimen militar. Era una traición imperdonable en pleno campo de batalla. Lo que hizo a continuación desafió protocolos, dividió opiniones y pasó a la historia como uno de los episodios más polémicos de toda su carrera. Una decisión fría, directa y brutal, exactamente el tipo de actitud que convirtió a Patton en el comandante aliado más temido por Hitler. Esta es la historia de cómo George Patton identificó a un traidor dentro de sus propias filas y decidió hacer justicia a su manera: sin pedir permiso, sin dudar y sin mirar atrás.