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Arreglo Musical: Daniel Luis. Reseña del himno 110. “Fieles siervos del Maestro” Este himno fue inspiración del compositor Henry Clio Ball, cuyo título en inglés es: “Rejoice and Sing” y la melodía fue obra de O. H. Cundiff. Recordaremos parte de la vida y obra de este autor, pues ya se ha escrito sobre su trabajo en reseñas anteriores. H. Ball nace el 3 de febrero del año 1896 en Brooklyn, Iowa. Su padre pertenecía a la iglesia de Los Cuáqueros, en tanto que su madre era metodista. Quedó huérfano de padre a los 12 años y a causa de su frágil salud fue llevado al estado de Texas, en busca de un clima favorable. A los 14 años se convierte a Cristo, destacándose en tener una vida misionera, ordenando, recopilando y componiendo himnos. Ball fue un hombre de muchos talentos y lo más importante fue que los usó para la Obra de Dios; escribiendo muchos himnos y publicando varios himnarios. Aunque para esa época la obra no disponía de dinero, eso no minimizó su esfuerzo en invertir de su herencia para materializar los gastos de cada publicación; renunciando a todo tipo de ganancia y cediendo lo obtenido para La Obra de Dios. Por tener un ministerio en torno a personas hispanas, tales como mejicanas Henry incentivó el canto de himnos en las congregaciones latinas. Es notorio resaltar su contribución a la Himnología Pentecostal, siendo este el legado más duradero en América Latina. Logró traducir innumerables himnos del inglés al español; que hasta hoy siguen estando vigentes en diferentes congregaciones. El 27 de mayo de 1989 fallece este gran siervo de Dios, a la edad de 93 años; dejando un enorme aporte a la feligresía de habla inglesa y español. En esta oportunidad el himno “Fieles siervos del Maestro”, también fue arreglado a cuatro voces. En las estrofas la melodía es cantada por la primera voz (soprano), pero en el coro la melodía es cantada por la cuarta voz (bajo) y al final del coro la primera voz retoma la melodía a partir de la frase “Pues en nosotros Cristo siempre está, cantad, cantad.” En este mismo sentido, el himno 49 es similar, resaltando estos detalles que le dan mayor belleza a estas composiciones celestiales. Contemplando la bella inspiración que contiene este himno, nos impulsa con palabras de ánimo a seguir fieles en el Ejército de Dios; abrazando las promesas que nos llenan de fe y valor para pelear las batallas que nos toca enfrentar. Tal como en su momento lo experimentara el rey Josaphat y el pueblo de Judá al encontrarse ante el ejército enemigo de los ammonitas, moabitas y los del monte de Seir, los cuales se habían alineado para destruir al Pueblo de Dios. “Y como se levantaron por la mañana, salieron por el desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josaphat estando en pie, dijo: Oidme, Judá y moradores de Jerusalem. Creed á Jehová vuestro Dios, y seréis seguros; creed á sus profetas, y seréis prosperados.Y habido consejo con el pueblo, puso á algunos que cantasen á Jehová, y alabasen en la hermosura de la santidad, mientras que salía la gente armada, y dijesen: Glorificad á Jehová, porque su misericordia es para siempre”. 2 Crónicas:20:20-21 El rey, buscando la dirección del Dios Eterno, con la confianza en Jehová de los ejércitos, vieron La Poderosa Mano de Dios, venciendo a sus enemigos con cantos, que alaban a Dios. Tal es la invitación de este himno al motivarnos a cantar, confiar, tener fe; y el amor que brota de cada corazón que alaba a Dios y Redentor, permitirá levantar la bandera, en todo lugar y anunciar las “Buenas Nuevas” que traen salud al cuerpo y salvación al alma; recordando que el tiempo es corto ya; pronto la batalla terminará, aguardando ver consumada La Herencia Eternal. “Antes, como está escrito: Cosas que ojo no vió, ni oreja oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman”. 1 Corintios:2:9 Mervalia Ramírez.