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El alma del ser humano puede literalmente ser lacerada, lastimada, golpeada, maltratada, no solamente por otros, sino también por nosotros mismos. Nos sorprenderá la evidencia Bíblica que confirma que cuando el alma del hombre y la mujer es herida, afecta negativamente todas las áreas de nuestras vidas. Sabemos que el espíritu de un creyente ha sido hecho nuevo al momento de aceptar a Jesús como su Salvador. Sin embargo, el alma no. ¿Qué es el alma? El alma es la mente, las emociones y la voluntad. La mente tiene que pasar por un proceso de renovación el cual envuelve las emociones y la voluntad. No cabe duda de que es la condición de nuestra alma la que abre puertas para para diferentes situaciones en nuestras vidas nos afecten adversamente. ¿Qué es una herida? Físicamente, una herida es una lesión o rotura de los tejidos de los seres vivos, ya sea por contusión o por incisión. Herir es golpear, romper o abrir con violencia los tejidos de un ser vivo, golpear, dar un cuerpo contra otro. En el área del alma, las heridas surgen a causa de ofensas, agravios, acciones malignas llevadas a cabo por otras personas en contra de nosotros. Pero también ocurren en nuestras propias almas al momento de nosotros cometer agravios contra otros. Sin embargo, las heridas causadas por los pecados que usted cometió o que otros cometieron en contra suya todavía quedan en su alma. ¿Por qué? Porque eso es algo que todos nosotros tenemos que enfrentar individualmente? ¿Por qué? Envuelve el nosotros perdonar a otros, también el recibir por fe lo que Jesucristo ya pagó. El acceso a todo lo que ya Jesucristo pagó por nosotros se obtiene a través de la fe. Y eso es algo que nosotros tenemos que hacer nosotros mismos, no es algo que Jesucristo va a hacer por nosotros. Entonces, la pregunta es: si los pecados ya están perdonados por la sangre de Jesús, ¿cómo recibo sanidad de las heridas causadas por esos pecados y por traumas? Recibimos sanidad a través del poder del Espíritu Santo, quien resucitó a Cristo de los muertos. O sea, el poder de la resurrección. Porque la muerte de Cristo fue el pago, sin embargo, la resurrección de Jesucristo de los muertos activó el pago, lo puso en vigor. Si Jesucristo no hubiese resucitado de los muertos, no habría redención de los pecados aún después de haber sido sacrificado. Gracias a Dios por la resurrección de Jesús!