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Hubo un tiempo en el que Dios guardó silencio. No llovía. La tierra estaba seca. Los campos morían y el hambre se extendía por todo Israel. Pero la verdadera sequía no estaba en la tierra, estaba en el corazón del pueblo. Israel había olvidado a su Dios. Y cuando el silencio parecía eterno, Dios levantó a un hombre. No era rey. No era sacerdote. No tenía ejército. Pero su voz haría temblar a toda una nación. Su nombre era Elías. Israel estaba gobernado por el rey Acab, un rey débil, dominado por una mujer peligrosa llamada Jezabel. Ella introdujo la adoración a Baal, un dios falso, un dios que prometía lluvia, pero que no podía dar vida. Los altares del Señor fueron destruidos. Los profetas perseguidos y asesinados. El pueblo estaba confundido, dividido entre dos creencias. Entonces Dios habló. Elías entró al palacio del rey sin permiso y sin temor. Miró a Acab a los ojos y pronunció una sentencia que cerraría los cielos: “Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío sino por mi palabra”. Y se fue. Sin explicaciones. Sin discusión. Desde ese día, el cielo se cerró. Dios no llevó a Elías a un palacio. Lo llevó al desierto, a un arroyo escondido, lejos de todos. Y allí ocurrió algo imposible. Cuervos, aves impuras, le llevaban pan y carne cada mañana y cada tarde. Dios usó lo improbable para sostener a su siervo. Pero el arroyo se secó. Y Elías aprendió algo doloroso: incluso los hombres de fe atraviesan momentos donde parece que Dios se fue. Entonces Dios volvió a hablarle. “Levántate y ve a Sarepta”. Allí vivía una viuda, pobre, con un hijo, con solo un puñado de harina y un poco de aceite. Era su última comida. Elías le dijo algo imposible: “No temas. Hazme primero a mí”. Ella obedeció. Y el milagro ocurrió. La harina no se acabó. El aceite no se terminó. Cuando Dios entra en una casa, la escasez pierde poder. Pero la historia se oscureció. El hijo de la viuda enfermó y murió. La mujer gritó, lloró y reclamó. Elías tomó al niño, lo subió a la habitación y clamó a Dios. Una vez. Dos veces. Tres veces.