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En este episodio entramos en la historia de la mujer samaritana en Juan 4 como si estuviéramos allí, bajo el sol del mediodía, escuchando a Jesús hablar de agua viva. La mujer samaritana de Juan 4 no es un personaje plano: es una herida caminando, una biografía de rechazo, y por eso la promesa de agua viva suena tan peligrosa y tan real. Si alguna vez sentiste que tu pasado te etiqueta, la mujer samaritana en Juan 4 te va a mirar de frente y te va a devolver preguntas que nadie se atreve a hacer. Volvemos al pozo de Jacob para leer Juan 4 con ojos humanos, sin moralina fácil. La mujer samaritana aparece en Juan 4 en la hora del silencio, cuando el pueblo no quiere verla, y ahí mismo Jesús abre una conversación que rompe barreras. En Juan 4 se repite el lenguaje de sed, de vergüenza y de deseo de pertenecer. En Juan 4, la mujer samaritana escucha agua viva y se defiende, como cualquiera que ha sido rechazada más de una vez. Porque cuando te han fallado tantas promesas, incluso agua viva parece demasiado. Aquí vas a entender por qué Juan 4 menciona cinco maridos, pero también por qué la mujer samaritana no puede ser reducida a un número. Juan 4 revela una ciudad que guarda un secreto y una mujer samaritana que aprendió a existir sin ser vista. Sin embargo, Jesús no negocia con la vergüenza: ofrece agua viva otra vez. En Juan 4, cada frase empuja a la mujer samaritana hacia la verdad, y la verdad no es un sermón; es un encuentro. El evangelio de Juan 4 no la exhibe para humillarla, la expone para liberarla. Esta historia bíblica de la mujer samaritana en Juan 4 también es psicología pura: cómo el rechazo se vuelve identidad, cómo la defensa se vuelve máscara, y cómo la sed emocional busca sustitutos. Juan 4 te deja ver que el problema no era solo conducta, era hambre de dignidad. Y cuando Jesús dice agua viva en Juan 4, no está vendiendo religión, está ofreciendo una vida nueva por dentro. La mujer samaritana escucha agua viva, duda, pregunta, y aun así sigue ahí, porque incluso la duda es una forma de sed. A lo largo de Juan 4 vas a notar el contraste: el cántaro y el corazón lleno de historias. La mujer samaritana en Juan 4 intenta cambiar de tema, y Jesús vuelve a lo esencial: agua viva. Juan 4 muestra que Dios no espera a que tengas una reputación limpia para hablarte; habla en el pozo, en lo cotidiano, con una mujer samaritana real. Y cuando Juan 4 llega al Yo soy, la promesa de agua viva deja de ser metáfora y se convierte en Persona. En Juan 4 también aparece el detalle que muchos pasan por alto: la mujer samaritana deja el cántaro. Esa escena es el signo de que el agua viva no es teoría, es cambio de dirección. Si buscas un estudio bíblico que te haga sentir el texto, este video recorre Juan 4 con contexto, tensión y compasión. La mujer samaritana de Juan 4 no termina escondida: sale a hablar, y eso solo pasa cuando el alma recibe agua viva. Hay algo íntimo en Juan 4 que casi nadie comenta: Jesús inicia pidiendo agua, pero termina ofreciendo agua viva, y la mujer samaritana descubre que su sed no era solo física. En Juan 4, el agua viva aparece como promesa, como confrontación y como consuelo. La mujer samaritana oye agua viva y, por primera vez, no la están usando ni midiendo; la están invitando. Juan 4 también expone cómo la vergüenza te empuja a horarios vacíos y cómo el agua viva te devuelve al pueblo sin miedo. Cuando leas Juan 4, fíjate cómo cambia el lenguaje de la mujer samaritana. Al principio discute, se protege, se esconde. Después de escuchar agua viva, empieza a hacer preguntas de verdad. Juan 4 no maquilla la historia, pero tampoco la aplasta. Por eso repetimos agua viva: porque el mensaje central de Juan 4 es que el agua viva alcanza a la mujer samaritana justo donde nadie más la busca. Quédate hasta el final y dime si alguna frase de Juan 4 te atravesó. La mujer samaritana no necesitaba otro juicio, necesitaba agua viva. Y quizás tú también.