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Las balsas mineras inundan el río en distintos sectores de sus más de 400 kilómetros lineales, entretanto, no hay una respuesta oficial ni actualizada de cuántas son exactamente ni de cuántas son legales. Ellos viven en la comunidad Miraflores del municipio pandino de Puerto Gonzalo Moreno, un asentamiento humano en la selva amazónica de Bolivia cuyos bosques lindan con el río Madre de Dios. La tarde es soleada y tranquila; los miembros de esta familia conversan fuera del hogar mientras observan a la mamá, también abuela, dispersar granos de cacao con un rastrillo metálico en el suelo de cemento. De pronto, por el rojizo camino aparece un hombre joven montado en una moto. Frena el vehículo y da una voz de alerta: “¡ya están barranqueando!”. Durante el primer semestre de 2023, los Guari y otros comunarios notaron que sus predios contiguos al Madre de Dios comenzaron a desbarrancarse con más frecuencia en relación a cuando sucede debido a la fuerza del caudal y la erosión natural. Afirman que, con el movimiento subacuático activado desde las balsas para la extracción de oro, las orillas se debilitan, lo cual provoca la caída de grandes porciones de tierra al agua, con árboles frutales incluidos. Como respuesta, habitantes de lugares como Miraflores deben estar siempre alertas ante los “barranqueros”, como llaman a los trabajadores de las balsas mineras que se acercan demasiado a las orillas o barrancos de las comunidades. Casi de inmediato, tras el anuncio del vecino motociclista, José Antonio Guari Castro se levanta de su silla, agarra el machete y emprende camino hacia el lecho del río. Mientras se interna en la espesura arbórea, este ingeniero forestal de 38 años señala ejemplares de cacao, copoazú y achachairú. Una parte importante de la economía de las familias de este lugar se basa en la producción y comercialización de fruta y también de madera. Como muestra, según un cálculo que hicieron cuatro familias de Miraflores, sumando sus parcelas y productos, tienen un patrimonio de 5,3 millones de bolivianos, distribuido entre plantas, maderas y árboles frutales, en riesgo por los desbarrancamientos.