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====================================== =Puedes ver el vídeo completo aquí= ====================================== 16:9 (horizontal) - • 28 Días Después: Atrapados con los Infecta... 9:16 (vertical) - • 28 Días Después: Atrapados con los Infecta... ====================================== =Tu feedback es muy importante= ====================================== ✅ Por favor, califica este vídeo. ¿Qué puntuación le darías entre 0 y 10? ☑️Dinos en qué película o tema te gustaría que estuviese basado el próximo vídeo. 😱Por favor, si te ha gustado el vídeo dale un "like", comenta aquí, y suscríbete al canal, todas estas cosas son muy importantes para nosotros, y te agradeceremos un montón tu participacíon y soporte. ====================================== =Descripción del vídeo= ====================================== La valla apareció al amanecer: alambre de espino, focos, sacos de arena. Un cartel pintado a mano decía ZONA SEGURA con letras enormes, como si hacerlas grandes pudiera hacerlas verdad. Un guardia nos miró desde detrás del alambre. Tenía la cara dura, sin sueño. Llevaba un brazalete rojo. No sonrió cuando abrió la puerta. Dentro, el recinto era barro, tiendas de campaña, cajas apiladas. Un bidón ardiendo calentaba el patio. Hombres con fusiles nos observaban como si fuéramos recursos, no personas. Un soldado llamado Rowan —brazalete rojo, voz tranquila— nos pidió los nombres y si nos habían mordido. No preguntó si teníamos hambre. No preguntó si estábamos heridos. Mara se pegó a mí. “Ojos abiertos”, murmuró. Grant se relajó al principio. Elise también. Repetían la palabra “seguro” como si fuese una oración. Pero las oraciones no detienen ciertas miradas cuando alguien cree que ya no hay consecuencias. Esa noche nos metieron en una habitación de barracón y cerraron por fuera. Un cerrojo pesado encajó con un golpe seco. Se me erizó la piel. Rowan volvió más tarde, solo, y habló como si ofreciera un trato. Sus palabras eran calmadas, pero su intención no lo era. Dijo que los soldados tenían necesidades. Dijo que la zona segura exigía “cooperación”. Mara se quedó firme con la barra de metal. “Abre la puerta”, dijo. Rowan miró un segundo hacia mí y luego a ella. “No lo hagas difícil.” Ahí entendí la advertencia de Mara. No quedaban solo infectados. Cuando Rowan se fue, Mara rebuscó hasta encontrar una rejilla floja y la arrancó. Detrás había un pasillo de servicio estrecho, lleno de tuberías. Una luz roja de emergencia lo teñía todo, como una señal de alarma permanente. Nos arrastramos por allí. Se oyeron botas, voces, una risa que no pintaba nada en ese sitio. Avanzamos pegados a la pared hacia una puerta con un cartel: ARMERÍA. Por primera vez desde que la conocía, las manos de Mara temblaban. “¿Sabes lo que haces?” le pregunté. “No”, susurró. “Pero sí sé lo que pasa si no hacemos nada.” El caos estalló antes de que llegáramos a la salida. Sonó una alarma. Los focos barrieron el patio. En la distancia, los infectados golpeaban la valla atraídos por el ruido, amontonándose como una ola viva. Gritos. Disparos. Alguien chillando. Grant apareció entre el humo, llamando a Elise. Ella estaba cerca, pálida, agarrando el mapa como si todavía sirviera para algo. Mara me agarró la mano y me tiró hacia un hueco junto a la puerta principal donde la valla había cedido. “¡Están entrando!” gritó alguien. Los soldados disparaban hacia la oscuridad, pero los infectados no frenaban. Golpeaban la valla como una tormenta de cuerpos. Mara miró una vez atrás: la zona segura, las luces, los hombres, la mentira. Y me arrastró fuera, hacia la noche.