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(Verso 80) Entonces su Señor colmó de dicha a nuestro Amado Muḥammad. En una sola noche, Aḥmad recibió una bienaventuranza jamás concedida a nadie. (Verso 81) Buraq, noble como un corcel alado, descendió junto a Ǧibrīl. Esa noche llegó el momento de una unión que ninguna palabra puede describir. (Verso 82) De La Meca a Jerusalén fue llevado, oh Imām de los Mensajeros. Se convirtió en el Jefe de los Profetas, oh Intercesor de los pecadores. (Verso 83) Luego ascendieron a los cielos, atravesando todos sus niveles. El Paraíso y el Infierno los contemplaron con sus propios ojos. (Verso 84) Llegaron al Árbol del Límite, conocido como Sidrat al-Muntahā. Ǧibrīl dijo: “Aquí no puedo pasar”, y el Amado avanzó más allá. (Verso 85) Muḥammad fue solo a encontrarse con la Gracia Eterna. Solo él alcanzó ese lugar glorioso y sublime. (Verso 86) Con cuerpo y alma realizó este viaje, y aun sus sandalias benditas permanecieron con él tal como estaban en La Meca. (Verso 87) Ningún Mensajero alcanzó jamás el rango que a él le fue concedido. Así lo relata el Corán, recordando lo sucedido en el Monte Sinaí. (Verso 88) “Estás en un valle sagrado, Mi luz se manifestará aquí; quítate las sandalias”, fue dicho a Moisés. (Verso 89) Con sus propios ojos contempló al Señor de los señores, el Altísimo. Lo alabó abundantemente y Lo glorificó con gratitud. (Verso 90) En esa dicha, su Señor lo envió de regreso con buenas nuevas para la tierra. Regresó con un honor inmenso: la oración fue establecida como deber. (Verso 91) Nuestro Señor le dijo: “Pide, oh Mi Amado, lo que desees; todo lo que solicites te será concedido al instante”. (Verso 92) “Oh Señor mío, mi único deseo”, dijo el Intercesor Muḥammad, “es salvar a hombres y mujeres del castigo del Día del Juicio”. (Verso 93) No pidió fama, poder ni prestigio para sí. Él es Misericordia para la humanidad, y por su Ummah intercedió con humildad. (Verso 94) Los paganos, al oír su relato, intentaron negar lo ocurrido y lo acusaron falsamente, sembrando dudas y burlas. (Verso 95) Nuestro Amado presentó pruebas claras, evidencias visibles para todos. Los desdichados negadores acabaron silenciados. (Verso 96) Partió la luna en dos mitades cuando exigieron una señal. Con un gesto, la luna se abrió y se dispersó como una estrella. (Verso 97) Oriente y Occidente fueron testigos, todos pudieron contemplarlo. Aun así, los idólatras persistieron en acercarse a su propia perdición. (Verso 98) Cada árbol que encontraba lo saludaba con respeto. Piedras y criaturas respondían a su mandato. (Verso 99) De sus manos brotó agua abundante cuando nada quedaba para beber. Creyentes y monturas saciaron su sed por igual. (Verso 100) Sus milagros son incontables y continúan hasta hoy. Él es la Corona de los Mensajeros, Guía hacia el camino veraz. (Verso 101) La opresión no conocía límites en la región donde vivía. Durante trece años soportó en La Meca penas que no cesaban. (Exhortación 102) Si deseas ser parte de la gloria de Muḥammad, el Amado, haz de las bendiciones sobre él tu letanía constante. (Ṣalawāt – Estribillo) Ṣallallāhu ʿalā Muḥammad ṣallallāhu ʿalayhi wa sallam (repetir)