У нас вы можете посмотреть бесплатно Devoción Matutina para Adultos I 18 febrero 2026 или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
Если кнопки скачивания не
загрузились
НАЖМИТЕ ЗДЕСЬ или обновите страницу
Если возникают проблемы со скачиванием видео, пожалуйста напишите в поддержку по адресу внизу
страницы.
Спасибо за использование сервиса ClipSaver.ru
Simón, Hijo de Jonás, ¿Me Amas? «Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas» (Juan 21: 17). Habían pasado muchos eventos antes de esa mañana, por lo que Pedro y sus compañeros decidieron ir a pescar. Pienso que, más por necesidad, era por distraerse. Estaban aturdidos y quizá confusos. Necesitaban poner sus pensamientos en orden haciendo lo que más les gustaba y sabían hacer: pescar. Mientras pescaban no muy lejos de la playa, llegó un visitante que les preguntó si tenían algo que comer. Los discípulos contestaron que no. El visitante les dijo que tiraran la red del lado derecho y, al hacerlo, pudieron atrapar a tantos peces que parecía que la red iba a romperse. Juan, reconociendo a Jesús, exclamó: «¡Es el Señor!». Pedro inmediatamente se echó al mar, entre tanto que los discípulos jalaban la barca. Sentado en la playa, el Señor les había preparado el desayuno. Comieron pescado asado, mirándose de reojo los unos a los otros. Nadie se atrevió a interrumpir el silencio, esperando temerosos lo que podía pasar. El Señor empezó la conversación con una pregunta escrutadora, profunda y comprometedora para uno de ellos: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?». ¿Qué decir? ¿Cómo justificar la conducta? ¿Cómo volver a jurar? Pedro estaba desnudo ante el Señor porque se daba cuenta de que él podía ver su alma transparentemente como si se tratara de un cristal. No podía engañar a aquel que lo conocía todo. Como todo pecador avergonzado y penitente contestó: «Sí, Señor; tú sabes que te amo». Jesús penetra hasta sus tuétanos cuando por segunda y tercera vez le pregunta si lo ama. Pedro abrió totalmente su vida para confesarle lo que Jesús ya sabía. Las lágrimas de Pedro eran evidentes. El valiente y brabucón Pedro había quedado atrás: ahí estaba un hombre arrepentido y humilde que estaba dispuesto a hacer todo por su Señor, aunque ahora no lo jurara. Al igual que Pedro, Dios trabaja contigo incansablemente. No importa cuánto corras ni cuánto prometas, Dios te conoce, sabe qué hay en tu alma, puede discernir cada uno de tus pensamientos y ahí sigue sentado a tu lado, desayunando contigo cada mañana, aunque lo ignores. Su pregunta es muy simple, pero profunda, escrutadora y comprometedora: ¿Me amas? ¿Cuál será tu respuesta? Dios te espera, porque todo es por su gracia.