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Tocar el cielo en Fataga. No, pero casi... Muchas gracias a Baler@Wikiloc por descubrirme y guiarme por esta ruta. Todos los detalles de la ruta, incluyendo el track, en su página de Wikiloc "Fataga-Almogaren-Roque Almeida.AMURGA.GRAN CANARIA" (https://es.wikiloc.com/rutas-senderis...) Viviendo en el norte de la isla, comenzar la ruta a las 8 de mañana en Fataga es madrugón seguro. Seguro pero imprescindible si queremos hacer la ruta aprovechando al máximo la sombra proporcionada por la pared este del barranco de Fataga que nos sirve de parapeto ante el sol de justicia de un día caluroso de principios de verano. Así la planificó sabiamente Baler lo que nos permitió realizar a la sombra el tramo más duro, el de subida. El primer regalo para la vista: la impresionante pared oeste del barranco de Fataga bañada por los dorados rayos del sol en contraste con un casi limpio cielo azul de la mañana. Difícil olvidar los haces de luz, que colándose por los altos de Amurga, se proyectaban sobre la pared del barranco como si de una sala de cine se tratara. Ya luego no sabe uno a dónde dirigir la mirada, si al precioso paisaje cumbrero o a las impresionantes paredes de Macizo de Amurga y, más a lo lejos, la costa sur de Gran Canaria. Solo tomamos consciencia de la altura que vamos tomando cuando nos fijamos en el caserío de Fataga comprobando que las casas van menguando con cada paso ascendente que damos. Llegando a la degollada en la base de la peña del almogarén, el sol hace su magistral aparición perfilando la silueta de las montañas en caprichosa forma de escalera en un amanecer de película. Aquí ya obtenemos nuestra primera dosis de imágenes imborrables de la Cuenca de Tirajana bajo el primer sol de la mañana. Se olvida el madrugón ... ¿Hay algo más bello que un amanecer? En el almogarén, sinceramente, casi no miré al suelo. Lo sé. Perdí una oportunidad única para admirar y conocer este enclave aborigen, algo que podré en parte compensar con las fotos y el vídeo. Miré en todas las direcciones. Belleza pura en 360 grados. Me sentí superior. Me sentí libre. Retomamos la ruta con la dificultad extrema de salir de ese estado de obnubilación. Y hay que hacerlo cuanto antes porque a partir de este punto hay que poner todos los sentidos en alerta para pegarse como lapas al camino, y en bastantes casos al desnudo risco, en el tramo más difícil de la ruta. Nos detenemos, admiramos las vistas, localizamos el siguiente mojón y continuamos. Avanzamos en subida preguntándonos cómo nos la ingeniaremos para retornar por este mismo camino pero en bajada. Emoción a flor de piel. La Cueva de la Pastora, sorprendente por su profundidad. En sus inmediaciones el camino se ha perdido. Por desconocimiento a la ida pasamos por debajo, bastante expuestos al vacío. A la vuelta pasamos por detrás del árbol junto a la cueva tomando una pequeña subida que hace el paso mucho más seguro. Al llegar a la base del Roque Almeida encontramos a los únicos "senderistas" con los que nos tropezamos en la ruta: dos rebaños de cabras uno de los cuales, formado por cuatro ejemplares de magnífico pelo negro, decidió ascender con nosotros al Roque. Les seguimos a una prudente distancia tras asistir atónitos y en directo a una espectacular riña con choque de cornamentas que resonó por todo el entorno al mas puro estilo de documental de Félix Rodríguez de la Fuente (los más talluditos sabrán). Ya sobre el Roque, otra experiencia "dueño del mundo". Miramos hacia la pared del barranco por la que ascendimos. No vemos caminos. Si no fuera porque acabamos de subir por él, no creeríamos que existe. ¿Las cabras? No las ví más. Bajaron sin despedirse. ¡Qué poco corteses! Solo una vez de vuelta en el pueblo de Fataga es que nos damos cuenta de la "proeza" de coronar el Roque Almeida. El desvío hacia la degollada que nos permite admirar la Cuenca de Tirajana en toda su extensión no nos supondrá un gran esfuerzo y será compensado con creces por las preciosas vistas. Y toca la vuelta ... Redoblamos la atención, se cuadriplica la emoción y vamos avanzando sin prisas pero sin pausas. Volvemos por el mismo camino pero el paisaje parece diferente al ir en sentido contrario y, sobre todo, bajo la luz (y el calor) del mediodía. Las casas de Fataga, lentamente, se hacen cada vez más grandes y poco a poco, paso a paso, sentimos que estamos "aterrizando", que bajamos de los cielos. Una ruta exigente y no exenta de riesgo pero con unos maravillosos paisajes a vista de pájaro de la cuenca de Fataga y de la Caldera de Tirajana. ----------------------------------------------------------- Music: "Somewhere down the line" by AERØHEAD (CC BY-SA 3.0) / aerohead -----------------------------------------------------------