У нас вы можете посмотреть бесплатно Salmo 6 или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
Если кнопки скачивания не
загрузились
НАЖМИТЕ ЗДЕСЬ или обновите страницу
Если возникают проблемы со скачиванием видео, пожалуйста напишите в поддержку по адресу внизу
страницы.
Спасибо за использование сервиса ClipSaver.ru
Salmos de David: Salmo 6 Señor, no me reprendas en Tu ira, Ni me castigues en Tu furor. Ten piedad de mí, Señor, porque estoy sin fuerza; Sáname, Señor, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy angustiada; Y Tú, oh Señor, ¿hasta cuándo? Vuélvete, Señor, rescata mi alma; Sálvame por tu misericordia. Porque no hay en la muerte memoria de Ti; En el Seol, ¿Quién te da gracias? Cansado estoy de mis gemidos; Todas las noches inundo de llanto mi lecho, Con mis lágrimas riego mi cama. Se consume de sufrir mis ojos; Han envejecido a causa de todos mis adversarios. Apártense de mí, todos ustedes que hacen iniquidad, Porque el Señor ha oído la voz de mi llanto. El Señor ha escuchado mi súplica; El Señor recibe mi oración. Todos mis enemigos serán avergonzados y se turbarán de gran manera; Se volverán, y de repente serán avergonzados. 🕊️ 1. Devocional o reflexión personal sobre el Salmo 6: El Salmo 6 es una súplica profundamente personal en medio del sufrimiento físico, emocional y espiritual. David clama a Dios no solo por sanidad del cuerpo, sino por restauración del alma. Aquí vemos a un hombre quebrantado, consciente de su pecado y de su fragilidad, que pide misericordia en lugar de juicio. La oración comienza con un pedido urgente: “No me reprendas en tu ira, ni me castigues en tu furor”. Esto sugiere que el salmista se sabe merecedor del castigo divino, pero apela a la gracia. Reconoce su debilidad: “Estoy sin fuerza… mis huesos se estremecen… mi alma está angustiada”, lo que revela una desesperación integral —cuerpo, mente y espíritu están afligidos. David no se escuda en su dolor, sino que transforma su angustia en oración insistente. Llora, gime, riega su cama con lágrimas… y aun así no deja de dirigirse a Dios. Aquí hay una enseñanza poderosa: el sufrimiento no es el fin, sino una puerta hacia la comunión más íntima con el Señor. La segunda parte del salmo da un giro: el salmista afirma que Dios ha oído su clamor. Hay confianza en la respuesta divina. La oración quebrantada se transforma en certeza de victoria: “El Señor ha escuchado mi súplica”, y por eso declara con valentía que sus enemigos serán avergonzados. Este salmo nos enseña a orar cuando no tenemos fuerzas, a confiar cuando todo tiembla dentro de nosotros, y a recordar que el Dios que escucha el llanto también es el Dios que responde con misericordia.