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San Ignacio de Loyola nació el 23 de octubre de 1491 en el castillo de Loyola, en Guipúzcoa, norte de España, cerca de los montes Pirineos que están en el límite con Francia. Fue el menor de los once hijos de Bertrán De Loyola y Marina Sáenz, provenientes de familias distinguidas. En 1506, a la edad de 15 años, San Ignacio entró al servicio del tesorero real en Arévalo, España. Durante su tiempo en la corte, desarrolló habilidades en la diplomacia y el trato con la nobleza. En 1521, a la edad de 30 años, Ignacio participó en la defensa del Castillo de Pamplona contra los franceses. Durante el asedio, resultó gravemente herido en ambas piernas por una bala de cañón, y la guarnición del castillo capituló ante el ejército francés. Fue llevado de regreso a su castillo natal, donde inició un largo proceso de convalecencia y recuperación. Durante su convalecencia en 1521, San Ignacio experimentó una profunda transformación espiritual. Leía "La vida de Cristo" y las "Vidas de los santos" mientras se recuperaba, y estas lecturas despertaron en él un deseo ardiente de seguir el camino de la santidad. En 1522, Ignacio realizó una peregrinación a la ermita de Montserrat, cerca de Barcelona, España. Allí, dejó sus armas y su armadura como ofrenda ante una imagen de la Virgen María. Luego, dedicó varios días a la penitencia y la oración en la cueva de Manresa, a unos 15 kilómetros de Montserrat. En Manresa, San Ignacio experimentó una serie de experiencias místicas y espirituales profundas, incluyendo la "noche oscura del alma" y los escrúpulos. Durante este tiempo, empezó a desarrollar los fundamentos de los Ejercicios Espirituales, una guía para la vida espiritual que luego compartiría con otros. En 1523, Ignacio partió en peregrinación hacia Jerusalén, deseando seguir los pasos de Jesucristo. Sin embargo, debido a la situación política y los peligros en Tierra Santa, regresó a España y viajó a Barcelona. A los 33 años empezó como estudiante de colegio en Barcelona, España. Sus compañeros de estudio eran mucho más jóvenes que él y se burlaban mucho. El toleraba todo con admirable paciencia. De todo lo que estudiaba tomaba pretexto para elevar su alma a Dios y adorarlo. Después pasó a la Universidad de Alcalá. Vestía muy pobremente y vivía de limosna. Reunía niños para enseñarles religión; hacía reuniones de gente sencilla para tratar temas de espiritualidad, y convertía pecadores hablándoles amablemente de lo importante que es salvar el alma. Ignacio fue acusado injustamente ante la autoridad religiosa y estuvo dos meses en la cárcel. Después lo declararon inocente, pero había gente que lo perseguía. El consideraba todos estos sufrimientos como un medio que Dios le proporcionaba para que fuera pagando sus pecados. Y exclamaba: "No hay en la ciudad tantas cárceles ni tantos tormentos como los que yo deseo sufrir por amor a Jesucristo". En 1528, Se fue a París a estudiar en su famosa Universidad de La Sorbona. Allá formó un grupo con seis compañeros que se han hecho famosos porque con ellos fundó la Compañía de Jesús. Ellos son: Pedro Fabro, Francisco Javier, Laínez, Salnerón, Simón Rodríguez y Nicolás Bobadilla. Recibieron doctorado en aquella universidad y daban muy buen ejemplo a todos. El 15 de agosto de 1534, en la capilla de Montmartre en París, Ignacio y sus seis compañeros hicieron votos religiosos de castidad, pobreza y de predicar el Evangelio. Fundaron así la Compañía de Jesús, conocida como los Jesuitas. En 1537, Ignacio y sus compañeros fueron ordenados sacerdotes en Roma, después de obtener permiso del Papa Pablo III. En 1540, el 27 de septiembre, el Papa Pablo III aprobó oficialmente la Compañía de Jesús mediante la bula "Regimini militantis Ecclesiae", y San Ignacio fue elegido como el primer Superior General de la orden, cargo que ocuparía hasta su muerte. Ignacio pasó en Roma todo el resto de su vida. Era tanto el deseo que tenía de salvar almas que exclamaba: "Estaría dispuesto a perder todo lo que tengo, y hasta que se acabara mi comunidad, con tal de salvar el alma de un pecador".Fundó casas de su congregación en España y Portugal. Envió a San Francisco Javier a evangelizar el Asia. De los jesuitas que envió a Inglaterra, 22 murieron martirizados por los protestantes. Sus dos grandes amigos Laínez y Salmerón fueron famosos sabios que dirigieron el Concilio de Trento. A San Pedro Canisio lo envió a Alemania y este santo llegó a ser el más célebre catequista de aquel país. Recibió como religioso jesuita a San Francisco de Borja que era rico político, gobernador, en España. San Ignacio escribió más de 6 mil cartas dando consejos espirituales. El Colegio que San Ignacio fundó en Roma llegó a ser modelo en el cual se inspiraron muchísimos colegios más y ahora se ha convertido en la célebre Universidad Gregoriana. Los jesuitas fundados por San Ignacio llegaron a ser los más sabios adversarios de los protestantes y combatieron y detuvieron en todas partes al protestantismo.