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Marx aplicó la dialéctica a la historia, desarrollando el materialismo histórico. De allí en más los relatos de la historia como un anecdotario de “pensadas en cabezas de hombres prominentes” y “secretos de alcoba” quedaron obsoletos. Marx descubrió las leyes subyacentes al devenir histórico. Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX y hasta ahora la burguesía ha difundido una serie de “vacunas” para que los propios marxistas volvamos hacia atrás, al análisis premarxista de la historia desechando al materialismo histórico. Los centros académicos “dizque progresistas” pero totalmente controlados por la burguesía y el imperialismo ha deplegado una serie de adjetivos para descalificar al materialismo histórico que funcionan como eficaces vacunas. 1) ESQUEMATICO: El genial esquema planteado por Marx comprime una gran complejidad en una explicación de altísima simplicidad. Llamarlo “esquemático” es un paso casi obligado. 2) POSITIVISTA: El marxismo ha criticado al positivismo por su planteamiento de que el avance científico, de por sí, iba a traer el bienestar general, respondiendo que depende de a qué clase sirva la ciencia serán los resultados en términos sociales. Si sirve a la burguesía, la ciencia será instrumento de opresión. Solo si es puesta al servicio de la clase trabajadora es instrumento de avance social. El posmodernismo, definió que el marxismo era “positivista” por su pretensión de ser científico: nada es ciencia, todo es “construcción social”. Gran servicio a la oligarquía: descalificadas las convicciones, materia prima de las revoluciones sociales, lo único que queda en pie es el ansia de ganancias de la burguesía como regulador social, porque, como es bien sabido, ningún discurso posmoderno hace mella en la codicia de los poderosos. 3) EVOLUTIVISTA: Una moda políticamente correcta, los sistemas sociales no evolucionan. Se vincula a otra vacuna, quien considere con Marx que la historia tiene un sentido incurrirá en un horrendo TELEOLOGISMO, o sea, considerar que la historia es un proceso de un determinismo mecanicista. Ergo, lo más moderno del “intelectual progresista” es considerar aleatoria la posibilidad del socialismo como futuro de la humanidad. Un progresismo sin idea de progreso. 4) RELATIVISMO HISTORICO. Desarrollado por Claude Levi Strauss, quien definía que la historia no tiene un sentido, el sentido de avance solo puede darse desde una visión subjetiva originada en el etnocentrismo. Lo explica con la metáfora de los trenes que van en diferentes direcciones. Desde cada tren el otro iría hacia atrás. Desde esa disociación posmoderna, podríamos considerar que el Chile de Salvador Allende y el de Pinochet son simplemente “diferentes”. 5) DARWINISMO SOCIAL: Esta postura se vende por izquierda: “las culturas coloniales aplastaron a las culturas de los pueblos originarios”. Sin embargo, podemos entender “más evolucionada” como una sociedad más solidaria, más empática, más amigable con el medio ambiente, sin hambre ni explotación. 6) CAUSA DE IMBECIL PASIVIDAD: Gramsci cargó contra la idea mecanicista de que el socialismo llegaría automáticamente. La fe en el futuro socialista es un arma espiritual en la lucha de clases: ni Marx, ni Mao, ni Ho Chi Minh, ni Fidel Castro ni el Che Guevara dudaron ni por un instante del socialismo como futuro de la humanidad. 7) EUROCENTRISMO: Boaventura de Sousa Santos proclama que el marxismo es eurocentrista por haber sido producido en Europa. Una versión “por izquierda” de lo que las dictaduras criminales siempre plantearon: que el marxismo era una “ideología foránea”. El capitalismo americano obedece a las mismas leyes de acumulación que en cualquier otra parte del mundo. Por cierto que todas estas refutaciones se sostienen por el propio estancamiento de la teoría marxista. La teoría de la complejidad nos permite explicar fenómenos como las etapas del desarrollo histórico en tanto “propiedades emergentes”, producto de la interacción local y simple de elementos locales. “Atractores” es otra categoría de la complejidad que explica que los sistemas complejos determinados por una serie de parámetros fluyen por atractores, o espacios a los que tienden a dirigirse dichos sistemas. Esto explica la existencia de feudalismo en Japón y China, sociedades que se desarrollaron al margen de Europa. Es preciso continuar desarrollando la teoría revolucionaria para dejar en el pasado los debates esterilizantes en que nos empantanó el posmodernismo.