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“La Casa del Silencio” Crujen lento los relojes en la pared, como pasos que ya nadie escucha volver. La tarde cae despacio en el mantel, y el polvo baila en lo que fue ayer. Manos viejas sosteniendo un papel, con nombres que el tiempo quiso borrar. Una silla frente a otra sin querer, esperando a quien no va a regresar. Y el eco de las risas se quedó colgado en los marcos del salón, como un cuadro torcido del amor que ya no encuentra habitación. La vejez es un invierno sin final, un jardín que floreció y hoy duerme en gris. Es hablar con las sombras del portal y abrazar lo que no quiso despedirse. Es mirar por la ventana y entender que el mundo sigue, aunque no estés en él. Y en la casa del silencio aprender a sobrevivir con la piel del ayer. Un sombrero descansa junto al mar, las olas murmuran su canción. Un barco que se aleja sin mirar, como se fue también el corazón. En la mesa, una copa sin llenar, y un perro que no deja de esperar. Los retratos miran sin parpadear, preguntando por qué tarda en llegar. Y el espejo devuelve la verdad: no es el rostro, es la soledad. Es el peso de cada Navidad sin voces nuevas que celebrar. La vejez es un invierno sin final, una carta que quedó sin enviar. Es la noche sentada en el umbral con recuerdos que no quieren callar. Es contar las estrellas y saber que faltan manos para señalar. Y en la casa del silencio aprender que doler también es recordar. Pero aún late un hilo de calor en la grieta más honda del dolor. Una luz que atraviesa la persiana, susurrando: “Todavía hay mañana”. Aunque tiemble la voz al pronunciar los nombres que ya no están aquí, cada arruga es un mapa del amar, cada lágrima prueba que viví. La vejez no es olvido ni final, es un río que aprendió a descansar. Es sembrar en la tierra del umbral todo lo que el alma supo dar. Y aunque el cuarto se llene de quietud, y la noche se siente a conversar, en la casa del silencio y la luz queda vida… aunque duela recordar. Crujen lento los relojes en la pared, pero el corazón aún sabe latir. Porque incluso en la sombra del ayer, hay un hilo de amor por compartir. Hotsu.