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Con libreto de José Jackson Veyán y música de Manuel Fernández Caballero, la zarzuela en un acto “Château Margaux” se estrenó el 5 de octubre de 1887 en el Teatro Variedades de Madrid. El elenco de su presentación lo encabezaron Leocadia Alba como Angelita, José Mesejo como José, Pilar Vidal como Doña Aurora, Emilio Mesejo como Manuel y Rochel en el papel del Barón. La obra, que supuso la consagración de la cantante y actriz Leocadia Alba (1866-1952), fue la última que acogió el Variedades antes de su incendio el 28 de enero de 1888. Sus números más aplaudidos fueron las coplas “Siempre lo decía nuestra directora” y sobre todo el vals de la borrachera “Es este Burdeos... No sé qué siento aquí” • Montserrat Caballé - «No sé qué siento aqu... Este último conoció desde principios del siglo pasado numerosas grabaciones por parte de figuras como Julia Campos (Odeón, 1922) o María Barrientos (Fonotipia, 1925). La única grabación completa de la obra fue editada en 1959 por Alhambra bajo la dirección de Benito Lauret con un reparto formado por Pilar Lorengar y Gerardo Monreal. «Siempre lo decía nuestra directora, porque lo sabía la buena señora; que la que no engaña al hombre cruel, merece por tonta quedarse sin él. Hay que fingir y hay que engañar, pues solitas en el mundo no nos vamos a quedar, no nos vamos a quedar, no nos vamos a quedar. Es el hombre nuestro escudo, y un marido hay que buscar, para disfrutar del mundo con entera libertad. Es muy dulce y muy hermosa esta vida conyugal: desde el día de la boda, desde el día de la boda cada vez me gusta más. Como que le amo y amor siempre es mío, y amor siempre es mío, si él me llama rica, le llamo yo rico, le llamo yo rico; él me llama gloria y yo cielo a él, y todo se vuelve palabras de miel, y todo se vuelve palabras de miel. De mi estado de casada tan contenta vengo a estar, que al mirar a una soltera me dan ganas de llorar. Aunque el hombre es el diablo por lo malo y por lo truhán, el demonio de mi esposo, el demonio de mi esposo cada vez me gusta más. Como dos palomos que juntan el pico, que juntan el pico, yo me vuelvo loca con tanto cariño, con tanto cariño. ¡Qué dulce es casarse como manda Dios y locos, loquitos volvernos los dos, y locos, loquitos volvernos los dos. ¡Ay qué placer, es el tener un maridito a quien querer! ¡Ay qué placer es el tener un maridito a quien querer! ¡Ay qué placer! ¡Ay qué placer! ¡Ay qué placer, es el tener un maridito a quien querer! ¡Ay qué placer! ¡Ay qué placer!»