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LA MILLONARIA ABANDONÓ A SU ESPOSO Y A SU BEBÉ. 25 AÑOS DESPUÉS, QUEDÓ PARALIZADA AL VERLO CON... En el elegante restaurante "Luz del Ángel", ubicado en el corazón vibrante de la Ciudad de México, Clara Mendoza tomaba pequeños sorbos de su vino blanco mientras repasaba los correos en su teléfono. Sentada en una mesa perfectamente dispuesta, con manteles impecables y velas que lanzaban una luz cálida sobre su rostro, Clara parecía encarnar el éxito. Su vestido negro, ajustado pero sobrio, y el discreto brillo de las joyas que llevaba hablaban de su posición en la élite de la sociedad. Era una mujer que había logrado todo lo que se había propuesto, pero cuyo rostro, al observarlo con atención, reflejaba una melancolía oculta bajo una máscara de perfección. Aquella noche parecía ser una más en su rutina: reuniones, contratos y conversaciones superficiales con personas que solo la veían como un símbolo de poder y riqueza. Mientras observaba distraídamente el ir y venir de los camareros, algo llamó su atención en la mesa del fondo. Al principio, creyó que su mente le estaba jugando una mala pasada, pero al enfocar bien la mirada, sintió un golpe en el pecho. Allí, sentado tranquilamente, estaba Rafael, el hombre que había dejado atrás hace más de dos décadas. No estaba solo. Una joven lo acompañaba, y Clara sintió como si el tiempo se detuviera. La chica, de cabello oscuro y sonrisa cautivadora, era una réplica de ella misma en su juventud. Sus ojos, su expresión, incluso la forma en que inclinaba la cabeza mientras hablaba con Rafael... todo era tan familiar que un escalofrío recorrió su espalda.