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Águeda, toda una mujer que dio su vida por Jesucristo y que a lo largo de la historia ha sido estandarte en la vida de muchas mujeres pero, por desgracia, también un martirio para otras muchas, al utilizar su historia muchos hombres para martirizar a las mujeres. Cuenta la hagiografía que nació en Catania (Sicilia) en el 230, de una distinguida familia y que poseía una belleza extraordinaria, pero consagró su fe y virginidad a Jesucristo. En tiempos del emperador Decio contra los cristianos, (249-251) el gobernador de la isla Quinciano quiso que se casara con él y que sacrificara a los dioses, pero Águeda se negó a ello por ser cristiana. Como venganza fue entregada a una prostituta, Afrodisia, la cual regentaba un burdel con sus siete hijas, para forzarla a practicar la prostitución. Resultó en vano, Águeda evitó aquel oficio y se refugió en la oración. Llamada de nuevo al tribunal, fue condenada a padecer atroces torturas: descoyuntada en el potro, azotada con varas, desgarrada con garfios, quemada con antorchas y finalmente le fueron amputados los pechos. Es aquí cuando ella recrimina al procónsul haber dado orden de mutilar en ella los mismos órganos con que su madre le habría amamantado de pequeño, frase que se ha hecho muy célebre. Arrojada moribunda a la celda, se le apareció San Pedro, curándola por completo. Pero seguía torturándola. Esparcieron por el suelo de su celda trozos de vidrio, cerámica rota y brasas, revolcándola desnuda sobre este lecho… Águeda, alabando a Dios murió a consecuencia de las heridas el 5 de febrero del 251. Los cristianos le dieron sepultura en el lugar que hoy ocupa la catedral de Catania, celebrando su fiesta cada 5 de febrero. Un año después el volcán Etna entró en erupción, amenazando la supervivencia de la ciudad. Entonces, no los cristianos, sino los paganos, echaron a correr al sepulcro de la mártir, lo abrieron, cogieron el velo que cubría su cadáver y lo extendieron frente a la colada de lava que ya se acercaba sobre la ciudad. Inmediatamente la erupción se calmó y la lava se detuvo. Esto ocurrió hasta nueve veces más en los sucesivos años, lo que le dio el patronazgo sobre los incendios, erupciones volcánicas y desastres del fuego en general. Es la patrona de las mujeres, sean casadas o solteras, gestantes que desean tener un buen parto, madres con insuficiencia de leche y sobre todo hoy en día por el cáncer de mama. También contra los malos espíritus, enfermedades del ganado y para potenciar la producción agraria. La popularidad de esta santa en el País Vasco ha sido muy grande, como lo demuestran las muchas ermitas a ella dedicada. Se la atribuye, además, la faceta sanadora: la de curar dolores del aparato locomotor, afecciones reumáticas, cefaleas y migrañas. Hay también muchas leyendas: En la ermita de Castrejana existía una imagen de esta santa en mármol blanco, con la cabeza separada del tronco. Quienes padecían males de cabeza entraban por una puerta de la sacristía llevando en sus manos la cabeza de la santa y salían por la otra. Haciendo esto tres veces seguidas se curaban. En Barcus (Zuberoa), a pesar de ser día de Santa Águeda, una mujer se puso a hacer una hornada. Un gato le cogió y comió un pedazo de masa de pan. “Quita de ahí gato”, dijo ella y entonces Santa Águeda dio por respuesta: “no soy gata, pero sí Santa Ágata”, mira hacia atrás y vio que la casa ardía. Por eso allí en el día de Santa Águeda no solían hacerse trabajos ni de horno, ni de lavado. En muchas ermitas, quienes tienen verrugas las frotan con una moneda y luego la depositan como limosna antes de dedicar una oración.La víspera de Santa Águeda (en euskera Agate Deuna Bezpera), es costumbre en muchos pueblos del País Vasco el salir a cantar las coplas de vísperas de Santa Águeda. La costumbre marca que se salga en cuadrillas por las calles de los pueblos y ciudades, yendo de puerta en puerta cantando coplas a la santa y recogiendo dinero para diferentes causas. Se suelen acompañar de bastones (makilas) y palos con los que se golpea el suelo rítmicamente. Al final de la canción se golpea la tierra con más fuerza, retumba. Se alzan las makilas y un grito suena al unísono: ¡EUPP! Coral Kolitza de Balmaseda cantando a Santa Águeda: https://fb.watch/pSpl8cfV0S/ El santuario a visitar está situado en un rellano a 207 m de altura, en las estribaciones del monte Arroleza 454 m, en el barrio baracaldés de Castrejana y sobre la calzada del Puente Del Diablo o de Las Brujas, en el Camino de Santiago de la Costa y muy cerca del Viejo camino de Santiago que unía Bilbao y Castilla a través de Balmaseda y el Valle de Mena. Situación también estratégica en todas las guerras civiles de los siglos XIX y XX. En su interior, desde 1584 se halla la virgen y mártir siciliana Santa Águeda, Gadea o Ágata (del griego agathé, “bondadosa”). ¡Cómo han cambiado los roles en la sociedad!, el matriarcado forma parte de la historia y es que las primeras sociedades eran matriarcados...