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“La Última Cerilla Era Para Mí” es una canción dark country sobre un hombre que esperó inviernos enteros para vengarse: aprendió una calle, una ventana, una rutina, y llegó con gasolina y cerillos creyendo que si ardía el mundo del otro, se apagaba su dolor. En este dark country, la rabia parece justicia… hasta que la verdad pesa. Justo antes de prender la llama, escucha vida detrás del cristal: un perro, una tos, una voz diciendo “hijo”, y ve una sombra chiquita en el pasillo. Ahí entiende que su venganza no solo castigaría a un culpable: escogería a otro niño. Este dark country se quiebra en el puente: deja caer la cerilla al polvo, suelta la cadena y le pide a Dios fuerza para pagar sin quemar más vidas. El final es una decisión: enterrar el fuego, dar su nombre y cortar el ciclo sin “paz barata”. Un cierre dark country crudo y cinematográfico donde ganar no es destruir, es no repetir. Si te gusta el dark country con letras profundas, culpa y redención real, suscríbete al canal y activa las notificaciones para más canciones. -- "DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: Este contenido es una expresión artística del género Dark Country. Todo el contenido asistido por Inteligencia Artificial es ficticio y tiene fines puramente de entretenimiento y relajación." #darkcountry #darkcountryenespañol #countryoscuro #outlawcountry #AlmasPerdidasCountry Lírica: Lo esperé tantos inviernos, compa, tragándome la rabia, porque él me dejó sin casa… y con la fe hecha astillas. Aprendí su calle exacta, su ventana y su rutina, y el odio me dio un destino… cuando ya no había salida. Esa noche traía gasolina, manos frías, voz de metal, la botella en la mochila, y un “por fin” en la moral. Me paré frente a su puerta como juez sin tribunal, diciéndome: “si arde su mundo… se me apaga mi dolor.” Saqué la caja de cerillos, el pulso queriendo mandar, y justo antes de encenderla… me empezó a pesar la verdad. ¡La última cerilla era para mí! No pa’ su casa… pa’ mi alma sin vivir. ¡La última cerilla era para mí! Porque el fuego del rencor ya me estaba quemando aquí. Yo le llamaba “justicia”… pero era mi enfermedad, y en la punta de esa llama… me dio miedo la verdad. Escuché un perro en la sala, una tos detrás del cristal, y una voz diciendo “hijo”… como si el mundo fuera igual. Vi una sombra chiquitita pasar por el pasillo, y entendí que mi venganza… iba a escoger otro niño. No era él el único culpable de lo que yo padecí: yo también fui mano dura… yo también supe mentir. Me vi a mí mismo en los escombros de mi propio corazón, y supe que si prendía fuego… el muerto era yo por dentro, compa, yo. Apreté la cerilla un segundo y la dejé caer al polvo, como quien suelta una cadena… pa’ no volver al mismo lodo. Le dije al cielo bajito: “Dios, no me des paz barata, dame fuerza pa’ pagar… sin quemar más vidas en mi rabia.” Mañana voy a dar mi nombre, lo que sé y lo que hice mal, no pa’ verme “bueno” nunca… pa’ que el ciclo tenga final. Si él merece un juicio limpio, que lo tenga sin mi furor; yo ya no quiero ser fuego… quiero ser reparación. ¡La última cerilla era para mí! Y hoy la entierro en la tierra pa’ poder seguir. ¡La última cerilla era para mí! Hoy no gano con su ruina… gano al no repetir. Si el cielo está en silencio, igual camino hasta el final: no se apaga un incendio nuevo… sin apagar primero el mal.