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Música y letras generadas con AI Music Lab Inspirado en el libro El ángel sombrío, de Mika Waltari Ángel sombrío [Verso 1] En las alas de la noche Un susurro gris se esconde Cae lento como lluvia sobre el mar Sus ojos como espejos rotos Reflejan mundos que no toco Un ángel triste que no puede volar [Estribillo] Ángel sombrío ¿dónde vas? Llevas tormentas Dejas paz Tu sombra baila en el umbral Ángel sombrío No mires atrás [Verso 2] De su voz brotan mil lamentos Cantan vientos Callan tiempos Cada nota corta el aire al respirar Sus manos tiemblan como hojas El frío arrastra sus derrotas Y en silencio deja todo al azar [Estribillo] Ángel sombrío ¿dónde vas? Llevas tormentas Dejas paz Tu sombra baila en el umbral Ángel sombrío No mires atrás —Sólo ahora ha llegado mi hora —dijo mi señor—. En presencia de tu ejército y del pueblo griego, te disputo el derecho al imperio. El sultán Mohamed volvió a sacudir la cabeza y con gesto compasivo dijo: —No seas loco. Arrodíllate, adórame como conquistador y te perdonaré la vida. De lo contrario, me harás montar en cólera y voy a hacer que te arrojen al estercolero, como Aristóteles cuando se enojaba de cargar con una vértebra de ballena. Mi amo replicó: —¡No eres tú el conquistador, sino yo! Su obstinación irritó al sultán Mohamed, quien dio una palmada y gritó: —Sea como quieres. ¡Dadle las botas de púrpura para que pueda morir con ellas puestas, tal como nació! No quiero disputarle la cuna. Al momento asieron los verdugos a mi amo y lo despojaron de su ropa, dejándolo en camisa; y sosteniéndole los brazos para que no se resistiera, le cortaron las arterias de las piernas; la sangre brotó a raudales y tiñó por completo sus rodillas, sus tobillos y sus pies. Mientras la sangre bajaba hasta el suelo, él se apoyaba en los hombros de sus ejecutores y, con los ojos clavados en el cielo, oraba diciendo: —¡Oh, Dios inescrutable! Durante todos mis días tuve sed de tu realidad. Pero en la hora de mi muerte te suplico: ¡Déjame volver! Concédeme de nuevo los grilletes del tiempo y del espacio, tus maravillosos y terribles eslabones. Otórgame esto, pues tú sabes lo que te pido. El sultán alzó su tembloroso mentón y dijo: —¡Contempla tu ciudad, basilio Giovanni Angelos! Con su último aliento, mi señor dijo: —Sí, contemplo la belleza de mi ciudad. A este lugar volverá algún día mi cuerpo astral, renaciendo de las ruinas de sus murallas. Como un viajero encadenado por el tiempo y el espacio, arrancaré algún día la negra flor de la pared. Pero tú, Mohamed, nunca retornarás. Así murió mi amo y señor Giovanni Angelos, con sus botas de púrpura puestas. Cuando lo abandonó el último aliento, los turcos le cortaron la cabeza y arrojaron su cuerpo a las aguas del puerto, emponzoñadas ya por muchos otros cadáveres. Extracto del libro "El ángel sombrío", de Mika Waltari.