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Permítete sentir el amor que vive en cada corazón con esta meditación. Suscríbete a nuestro canal en YouTube: / @silentunitylatino Únete a nosotros en oración o envía tu petición de oración: https://www.vigiliadeoracionunity.org Síguenos en los medios sociales: https://www.instagram.com/lapalabradi... / beunityenespanol Obtén la aplicación web BeUnity, es totalmente gratuita. https://be.unity.org/es/daily-word/to... Para recibir inspiración cada día, suscríbete a La Palabra Diaria https://compra.unityonline.org/subscribe Anótate para recibir nuestro boletín: https://compra.unity.org/noticias-de-... ¿Deseas que oremos contigo? : Llama: al 816-969-2020 Escribe: Silent Unity, 1901 NW Blue Parkway, Unity Village, MO 64065-0001, U.S.A. O utiliza nuestra planilla para solicitud de oración en línea. https://www.unityenlinea.org/oracion/... Transcripción: Comenzamos conectando con la respiración. Cada inhalación abre un espacio interior y cada exhalación libera lo que ya no nos beneficia. No hay esfuerzo, solo presencia. El amor nos recibe en este inicio sereno. Sostiene el ritmo del mundo, constante y silencioso, vivo en cada corazón, dispuesto a recordar. Dios es la fuente y la esencia del amor. No es algo que va y viene, sino una Presencia constante que sostiene la vida misma. En esta conciencia sagrada, encontramos descanso. Recordamos que la vida de Dios es el amor que vivimos, respiramos y compartimos. El amor es mi origen y mi esencia. Antes de que surjan las palabras, el amor ya ha hablado. Antes de que la acción tome forma, el amor ya ha comenzado a moverse. Cada pensamiento nacido del amor lleva luz. Cada decisión arraigada en el amor trae sanación. El amor fluye por mi conciencia como comprensión, por mi corazón como compasión, por mis manos como servicio. El poder del amor me conecta con lo divino, armoniza, restaura y sostiene todo en perfecto equilibrio. Soy un canal del amor divino, firme y radiante, lleno de energía del Espíritu. El amor ilumina mi visión con sabiduría. En la quietud, las ideas divinas comienzan a brillar. Se elevan como el amanecer en los rincones serenos de mi mente. El poder de la sabiduría ilumina mi comprensión, y el poder de la fe me guía con claridad. A través del amor, percibo la verdad que trasciende lo visible. Cada persona refleja la misma luz divina. Cada circunstancia se convierte en una oportunidad para la gracia. Soy conducido a una sabiduría que no conoce confusión. El amor fluye con suavidad y revela el siguiente paso con naturalidad. El amor da vida a cada momento. El poder de la vida fluye libremente en mí. Da energía a cada pensamiento, cada latido, cada posibilidad. Me abro a la vitalidad divina que renueva todo mi ser. El amor es la corriente que lleva alegría a mi día. Invita a la creatividad, la risa y el descanso. Honro este equilibrio sagrado, sabiendo que el descanso es santo y la alegría es una oración tan poderosa como el silencio. Cada respiración, cada palabra, cada acción se convierte en una expresión viva de la vida divina en acción. Estoy consciente a la belleza de estar vivo. El amor afirma mi paso y me sostiene. El poder de la fortaleza da forma a la resistencia del amor. En los momentos de prueba, el amor me da estabilidad, en tiempos de incertidumbre, profundiza mi fe. Permanezco arraigado en la presencia de Dios, fuerte, centrado y abierto. El amor en mí no se debilita, se expande. Va más allá del miedo y me sostiene en su verdad. Confío en el orden divino que se despliega dentro y alrededor de mí. La fortaleza y el amor actúan en armonía, y estoy firmemente arraigado en ellos. El amor fluye en mí como una bendición. Mediante el poder del celo o entusiasmo, el amor despierta inspiración y propósito. A través del poder de la voluntad, se convierte en una elección consciente. Llevo el amor a cada espacio que habito: en la conversación, el silencio, el trabajo y el descanso. Mi conciencia del amor de Dios se convierte en una oración silenciosa que bendice al mundo sin esfuerzo. Veo cada alma como sagrada, cada encuentro como una cita divina. Amo, y en ese amor, el mundo se renueva. Al cerrar este tiempo de oración, descansamos en la inmensidad del amor divino. Es la esencia de lo que somos, el poder que une toda la creación, la gracia que nunca termina. Estamos sostenidos en él, renovados por él, y llamados a vivir desde él en cada nuevo aliento. Damos gracias al recordar que el amor no es solo una práctica de oración, sino una forma de ser que elegimos una y otra vez. Juntos, afirmamos: La luz de Dios nos rodea; YO SOY luz. El amor de Dios nos envuelve; YO SOY amor. El poder de Dios nos protege; YO SOY poder. La presencia de Dios vela por nosotros. YO SOY presencia. ¡Dondequiera que estamos, está Dios! YO SOY Divino.