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Vamos a hacerle una visita a la ciudad de Nerva y su entorno minero en un atardecer imprevisto donde las nubes espesas van, como bien describió el poeta romántico rumano, Mihai Eminescu. Rodeada y medio atrapada de colores casi imposibles, aparece la ciudad de Nerva, la Nerva minera, trabajadora, luchadora y sufridora, abarcando una pequeña porción de la geografía provincial onubense. Ubicada en la mitad noreste de la provincia, en la Cuenca Minera, y acariciando las primeras estribaciones serranas, junto con la vecina localidad de Minas de Riotinto, conforman uno de los conjuntos patrimoniales más relevantes para comprender y conocer la evolución histórica de las explotaciones mineras en el suroeste español, estando conformado por bienes con manifiestos valores históricos, arqueológicos, etnológicos, monumentales, industriales y naturales. Y hablando de patrimonio minero, comenzamos las imágenes con el Pozo Rotilio, un malacate situado a la entrada de Nerva, en las afueras. Este malacate, convertido en uno de los símbolos de la localidad, debe su nombre al que fuera el Ingeniero Director de las Minas de Riotinto desde 1954 hasta 1974, D. Rotilio Martínez Barreiro, y fue restaurado en 1998 y trasladado a Nerva desde las cercanas minas de Peña de Hierro (donde nace el río Tinto). Acompañados de multitud de pajarillos y con una bonita estampa de un coqueto verde pinar cercano, nos vamos a ir aproximando al casco urbano de Nerva, observando una amplia perspectiva del mismo. Por esta esquina del pueblo se encuentra la Plaza de Toros de Nerva, el coso taurino más grande de la provincia tras la de Huelva (La Merced), con aforo para 4.500 personas. Ubicada en la calle Marqués de Nerva, fue inaugurada el 5 de agosto de 1888 y por ella han pasado los más famosos artistas de la tauromaquia a sones del pasodoble “Nerva”, de Manuel Rojas Tirado. Continuamos observando la perspectiva general del pueblo, con sus naves industriales, campo de fútbol con albero, sus horizontes acolinados y, cómo no, su núcleo urbano, que alberga actualmente a 5.235 nervenses. El amplio caserío que observamos ha tenido una evolución durante casi cinco siglos, con momentos explosivos dependiendo de la producción minera. Se ha constatado la existencia de un conjunto de casas llamadas “Nuestra Señora de Riotinto”, que bien pudiera ser el origen de una aldea, dependiente de Zalamea la Real. Durante el siglo XVI aparecen las primeras evidencias escritas en torno a la existencia de la Aldea de Riotinto, que así se llamaba. Los primeros datos documentados (año 1599) se remiten a la existencia de una antigua inscripción, hoy desaparecida, conmemorativa del año de la construcción de la Parroquia de San Bartolomé. El 7 de julio de 1885, se le concede la segregación de Zalamea, constituyéndose con el nombre de Nerva, en honor del que fuera emperador de Roma entre el año 96 y 98 de nuestra era, el antonino Marco Conceyo Nerva, insólito nombre tomado del hallazgo, en 1772, en el interior de una antigua galería romana del Filón Norte, de una placa dedicada al Emperador Nerva (hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid). Nos vamos al área más espectacular y significativa del término de Nerva, al entorno minero, situado alrededor del casco urbano. Esta área se caracteriza por lo impactante de sus formas y tonalidades cromáticas (gris, negro, rojo oscuro, naranja pálido…), que vienen marcadas por el propio dinamismo de la explotación minera desde los albores de la Historia, si bien la actividad minera más frenética vino de la mano, desde 1873, de la compañía británica Riotinto Company Limited. Podemos observar las amplias terrazas y caminos de la gran explotación de Cerro Colorado. Los inmensos camiones que circulan ya tienen las luces encendidas en este mágico atardecer. Dejamos este entramado minero para dirigirnos de nuevo al pueblo, tomando imágenes del exterior, con la serpenteante carretera, el río Tinto, que acaba de ver la luz y que fluye con escasas aguas teñidas de rojo, el cementerio, el malacate, el campo de fútbol y el pueblo, desparramado entre colinas. Los vehículos circulan ya con las luces encendidas; ya anochece y es hora de acabar estas imágenes de Nerva y entorno.