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Letra y música: Federico Cáceres Guitarras, charango y voz: Fabio Pérez Bajo y cuatro venezolano: Pablo Di Tullio Piano y coros: Gonzalo Suárez Percusión: Federico Cáceres Músico invitado: Nahuel Toucedo en quena, sikus y flauta traversa Grabado en el CIAM (Centro de Investigación en Audio y Música) de Tecnópolis en diciembre de 2023 Grabación: Sebastián Consigli y Blas Bizzio Edición de audio, mezcla y mastering: Mariano Cuello Cámaras: Rulo Magic Edición de video: Pablo Di Tullio www.bandamanoamano.com.ar Nubecita de los cerros simula ser algodón, vuela despacio llegando a La Rioja. No dejes que el sol alumbre por si la vida descubre que en cada cumbre descansa un tigre con mil lanzas. Y que es suficiente sólo un viento fuerte pa' que el Chacho y Facundo se despierten. Desde el sol Túpac Amaru fulgurando va. Desde el cielo de Tijuana, la cordillera vertebral. Y a la tierra que sutura la repara del destierro, empuñando la ternura, disparándole al invierno. Cóndor de la cordillera mucho cuidado al pasar, no dejes que el viento silbe en los volcanes. Las melodías repletas de Víctor Jara y Violeta. Cuidado, que allí descansa el salvador de la esperanza. Y si destierra el manto, que se cuide el espanto, porque Chile vuelve a ser un solo canto. Desde el sol Túpac Amaru fulgurando va. Desde el cielo de Tijuana, la cordillera vertebral. Y a la tierra que sutura la destierra del destierro, empuñando la ternura, disparándole al invierno. Desde el sol Túpac Amaru fulgurando va. abrazando a la higuera, que no para de sangrar. Alumbrando alamedas que refundan primaveras, que aunque nos impongan muros ya no creemos en fronteras. Nuestros cementerios están llenos de fraudes. Nos están mintiendo, no hay ningún cadaver. Sólo encuentran flores, flores y más flores, flores como escarmiento un tormento a los traidores. Flores como canciones de niños y sus risas, como revoluciones de guardapolvo y tizas. Flores como fusiles que arrollan la nueva historia, flores de nomeolvides que encielan la memoria. Flores como banderas, flores a cada paso, que inunden las praderas las flores de nuestro abrazo. Flores junto a la espuma, flores hasta que quede, flores porque nos duele este vacío en la ternura. Flores del Paraguay, que aún sangra en nuestra vergüenza, flores como respuesta ante tanta impunidad. Flores porque la rabia no puede mirar de frente a los ojos de Juana ni a sus mujeres valientes. En nuestros cementerios no hay lugar para la muerte. Soportamos el invierno y florecimos para siempre. En un cielo que avanza con un sol como estandarte, la certeza de esperanza florecerá por todas partes. Por más que inventen fronteras sobre nuestras cicatrices, nuestros muertos bajo tierra hoy se abrazan en raíces. De Bolívar hasta Artigas, de Ayotzinapa a las Malvinas, sangramos la misma herida en un legado a contratiempo. Un dolor que no prescribe, una enseñanza al sentimiento: la de poder vivir libres o morir en el intento.