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Piers nació en una familia noble de Puerto Real, pero desde muy pequeño mostró un espíritu inquieto y aventurero. No era el tipo de joven que se conformaba con los muros de una vida acomodada; siempre estaba en movimiento, lleno de curiosidad y agilidad, soñando con convertirse algún día en un héroe o en alguien cuyo nombre fuera recordado. Un día, durante una de sus tantas escapadas al puerto, vio un barco recién atracado y la curiosidad pudo más que la prudencia. Sin pensarlo demasiado, decidió subir a explorarlo. Recorrió sus cubiertas y bodegas, rebuscando entre cuerdas, barriles y camarotes, hasta que ocurrió lo inesperado: el barco zarpó con él aún a bordo. No tardó mucho en ser descubierto por la tripulación, y para su sorpresa no eran marineros comunes, sino piratas. Al ver la calidad de sus ropas y comprender que pertenecía a una familia acomodada, decidieron retenerlo como rehén para pedir un rescate. Sin embargo, lo que para cualquiera habría sido una tragedia, para el joven Piers era el inicio de una aventura. Lejos de mostrar miedo, el muchacho se mostró animado y dispuesto a ayudar en las labores del barco durante la travesía. Con el paso del tiempo, su entusiasmo, ingenio y determinación fueron ganándose el afecto de la tripulación. Aquellos piratas que en un principio lo habían capturado terminaron encariñándose con él, hasta el punto de tomar una decisión inesperada: dejar de verlo como rehén y aceptarlo como uno de los suyos. Así, casi sin darse cuenta, Piers creció entre piratas y dentro del mundo del crimen marítimo, convirtiéndolo en su forma de vida. A medida que pasaban los años, su habilidad, carisma y presencia llamativa lo hicieron destacar. Además de ser un navegante y combatiente talentoso, su encanto natural lo volvió también un conocido rompecorazones en los puertos que visitaba. A pesar de su juventud, su nombre comenzó a circular en los mares, ganando fama dentro del mundo de la piratería. Para la nobleza —y para su propia familia— aquello fue motivo de vergüenza, y con el tiempo prefirieron olvidar al muchacho que una vez había pertenecido a su linaje. Ya en su adultez, Piers tomó finalmente el mando de su propio barco y reunió a una tripulación bajo su bandera. Con el horizonte abierto frente a él, volvió a lanzarse al mar en busca de nuevas aventuras. Así fue como el destino cambió para siempre: el futuro prometedor de un joven noble se desvaneció, y en su lugar nació algo muy distinto. Nació Piers, el pirata… y el futuro Rey de los Mares. Lyrics. En Puerto Real nació con cuna dorada, trajes finos, apellido y honor, pero el muchacho odiaba las jaulas aunque fueran de mármol y sol. Siempre corriendo los muelles, siempre mirando el mar, soñaba con gestas y acero, no con un título que heredar. “Seré héroe”, gritaba al viento, “o alguien que el mundo recordará”, nadie entendía que en su pecho ya rugía la tempestad. Y una noche sin permiso se coló donde no debía entrar… un barco oscuro en el puerto que pronto iba a zarpar. ¡Brindemos por el que rompió el salón, por el noble que huyó del altar! Cambió las sedas por pólvora y sal, cambió el apellido por tempestad. Que suene el puerto, que ruja el cañón, que tiemble la corte al escuchar… levantad las jarras, griten su nombre: ¡Por Aquel que nació para conquistar! Urgando entre mapas y cajas no oyó las sogas tensar, cuando el barco dejó el puerto ya no había vuelta atrás. “¡Tenemos rehén!”, rieron rudos, “¡Cobremos rescate real!”, pero el chico miró el horizonte… y comenzó a celebrar. Mientras otros temían cadenas él fregaba cubierta al cantar, aprendía nudos y estrellas, aprendía a pelear y apostar. Lo que empezó como cautiverio se volvió hogar en altamar, y los lobos de vieja sangre lo enseñaron a navegar. ¡Alzad las jarras por el rehén que celebró en vez de llorar! Por el muchacho que vio cadenas y las llamó libertad. Que ardan las velas, que gire el timón, que el viento lo vuelva a contar, brindemos todos por su destino: ¡Por Aquel que nació para conquistar! Creció ligero y afilado, rápido con daga y verdad, carisma ardiente en la sonrisa, corazones rotos al pasar. Nombre temido en las rutas, banderas huyendo al verlo llegar, ni su sangre quiso aceptarlo… ni él quiso regresar. Cuando alzó su propio estandarte y su barco empezó a mandar, no quedaba rastro del joven que soñaba con “bien” y “moral”. “Si no fui héroe de historias seré tormenta sin piedad, si el mundo niega mi nombre… lo haré gritar.” ¡Brindemos por fuego en la sangre, por quien eligió navegar! Ni rey por herencia ni héroe comprado, su trono fue conquistar. Que el ron derrame sobre cubierta, que nadie lo intente frenar, alzando las jarras hasta el cielo… ¡Por Aquel que nació para conquistar! Ron en alto, fuego al mar, que nadie lo quiera juzgar, si el destino cambia el rumbo… ¡es para dominar! ¡Nacido para conquistar! ¡Nacido para gobernar!