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Casal suelta "Degeneración" como un golpe seco en 1987, un reflejo crudo de un mundo lleno de falsedad y deseo retorcido. La letra arranca con desprecio: palabras vacías, teorías que no sirven para nada, mientras el morbo sigue vivo, alimentándose de flagelaciones y castigos que no limpian nada. Hay un Satán interno que no se calla, y la canción dice que o lo enfrentamos, o nos come vivos. El estribillo es un repetitivo y sombrío: "Degeneración, tus juegos sucios, degeneración...en tu lascividad". No habla de amor ni de libertad, sino de algo sucio, de revolcarse en la basura de los instintos bajos. Tino, pinta una sociedad podrida, llena de chismes y pasiones baratas, donde la gente juega a ser juez mientras se ahoga en sus propios vicios. Pero luego da un giro: "Ser degenerado en Sodoma, no es pecado", como si dijera que el problema no está en los actos, sino en la hipocresía y la vacuidad. Hay una línea que corta hondo: "tu odio es el amor y tu dolor, es la pasión". Todo está mezclado, revuelto en una confusión oscura donde desnudarse es enfrentarse al miedo de estar solo. Al final, "ser degenerado es revolcarse entre la libertad", suena como un desafío amargo: la verdadera decadencia no está en vivir sin reglas, sino en fingir que las sigues mientras te pudres por dentro. "Juegas al morbo de la duda"... es un reflejo de su fascinación por lo enigmático, por esa tensión deliciosa que surge cuando no todo está dicho, cuando la incertidumbre se convierte en un arma de atracción. "Juegas", implica un control deliberado, una coreografía de gestos y palabras que encienden la imaginación. "Morbo", trae consigo un matiz oscuro, casi táctil, como el roce de una caricia que promete más de lo que revela. Y "la duda", es el clímax de esta seducción: un espacio donde el deseo se alimenta de lo que no se sabe, de lo que se intuye entre sombras... En el contexto de una canción que explora la decadencia y la pasión de una generación perdida en excesos, esta frase, podría ser su manera de capturar la esencia de un amor o un encuentro que no se entrega por completo, que se regodea en el filo de lo inalcanzable...no sólo describe una escena, sino que nos hace sentir el calor de esa mirada que duda, que juega, que tienta. Es como si invitara a perderse en el placer de no tener todas las respuestas, a rendirse al escalofrío de lo indefinido... Hay algo irresistiblemente magnético en esa ambigüedad. Es una canción que no deja indiferente. Nos mete en un callejón oscuro de los 80, entre excesos y máscaras rotas, y obliga a mirar lo que hay debajo: un poco de verdad y mucha, mucha...sombra... Y cantada a capella, se convierte en un murmullo ardiente y prohibido, como el roce de labios húmedos sobre piel cálida, cargado de una lujuria que se desvanece en la penumbra de un éxtasis mortal...