У нас вы можете посмотреть бесплатно "Este hijo no necesita tu apelido", declaró ella ante el marqués y la corte или скачать в максимальном доступном качестве, видео которое было загружено на ютуб. Для загрузки выберите вариант из формы ниже:
Если кнопки скачивания не
загрузились
НАЖМИТЕ ЗДЕСЬ или обновите страницу
Если возникают проблемы со скачиванием видео, пожалуйста напишите в поддержку по адресу внизу
страницы.
Спасибо за использование сервиса ClipSaver.ru
Historia ficticia ambientada en la Inglaterra del siglo XIX. Había cosas en Crestwick que no cambiaban nunca. La niebla de octubre que cubría los campos antes del amanecer. El sonido del carruaje del marqués atravesando el camino de piedra los martes por la mañana. Y la certeza, compartida por todos en el condado, de que la mansión Blackmere era hermosa por fuera y completamente fría por dentro. Opaline Crowhurst lo sabía. Lo había sabido desde niña. Pero saberlo y vivirlo son cosas completamente distintas. Opaline tenía el tipo de presencia que la gente tardaba en notar, y luego no podía ignorar. No era llamativa en el sentido convencional de la palabra. No tenía el cabello dorado ni la risa fácil de las jóvenes que brillaban en los salones de la aristocracia inglesa. Tenía ojos color avellana, oscuros cuando pensaba demasiado, y una forma particular de quedarse quieta en medio del caos que a algunas personas les parecía serenidad y a otras les resultaba profundamente inquietante. Su madre siempre decía que Opaline había nacido con demasiada consciencia para su propio bien. Que notaba todo. Que recordaba todo. Que cargaba el peso de las cosas que los demás preferían ignorar. Y que eso, en el mundo en que vivían, era tanto un don como una condena. Su padre, Edmund Crowhurst, había sido un hombre de letras. No rico, pero respetado. Un abogado menor con una reputación mayor de lo que sus bienes justificaban, y una biblioteca que era la envidia silenciosa de todos sus vecinos en Crestwick. Opaline creció entre libros y contratos y la convicción firme de que las palabras escritas eran más poderosas que cualquier espada. Creció creyendo que el mundo tenía lógica. Que si uno era honesto, trabajaba con integridad y no hacía daño a nadie, el mundo respondía de forma justa. Edmund Crowhurst murió en la primavera, y el mundo no respondió de forma justa...