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Vivimos tiempos donde la verdad es atacada desde todos los frentes. En medio del ruido ensordecedor de las filosofías humanas, las ideologías modernas y las falsas doctrinas que inundan el mundo religioso, surge una pregunta que define no solo nuestra teología, sino nuestro destino eterno: ¿Quién es realmente Jesucristo para usted? No me refiero al Jesús histórico, ni al buen maestro moral que muchos aceptan con comodidad; me refiero al Cristo de las Escrituras, al Soberano del universo. Porque, mis amados hermanos, el gran engaño de los últimos días no consistirá en negar la existencia de un dios, sino en distorsionar la identidad del verdadero Dios. Satanás sabe que si logra disminuir la divinidad de Cristo en su mente, si logra que usted lo vea como un ser creado o inferior, entonces su plan de salvación se desmorona y su preparación para el tiempo del fin queda anulada. Por eso, el apóstol Pablo, escribiendo a los colosenses —y por extensión profética a nosotros hoy—, levanta el estandarte más alto de la verdad bíblica en el capítulo 1 de su carta a los Colosenses, versículos 15 al 17. Para entender la urgencia de este mensaje, debemos remontarnos al origen mismo del conflicto. Antes de que existiera este mundo, antes de que el pecado manchara la historia humana, hubo una crisis en el cielo. La sierva del Señor, Elena G. de White, en el libro Exaltad a Jesús, página 12, nos descorre el velo de lo invisible. Ella describe cómo Lucifer, un ángel de luz y perfección, permitió que la envidia anidara en su corazón. ¿Y cuál era el motivo de esa envidia? La preeminencia de Cristo. Lucifer codiciaba la posición que solo le correspondía al Hijo de Dios. La mensajera del Señor relata que el Padre tuvo que convocar a las huestes celestiales para reafirmar una verdad eterna: que Cristo era uno con el Padre, que existía antes que los ángeles y que tenía la autoridad suprema de comandar el universo. El conflicto cósmico, esa gran controversia en la que usted y yo estamos inmersos hoy, comenzó por un ataque directo a la divinidad y la autoridad de Jesús. ¿No les parece asombroso que hoy, en las puertas del fin del tiempo de gracia, el enemigo esté utilizando la misma táctica? Vemos corrientes de pensamiento, incluso dentro del cristianismo, que intentan rebajar a Jesús a la categoría de un ser creado. Pero la Palabra de Dios es una espada de dos filos que corta la mentira de raíz. Pablo declara con contundencia en la epístola a los Colosenses, capítulo 1, versículo 15, que Cristo «es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación». Deténgase un momento en esto. Algunos, leyendo superficialmente, tropiezan con la palabra "primogénito" y piensan erróneamente que Jesús fue el primero en ser creado. ¡Nada más lejos de la verdad! En el contexto bíblico, como bien sabemos, el término primogénito no se refiere necesariamente a un orden cronológico de nacimiento, sino a un título de rango, de soberanía y de herencia.