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Génesis 1:1-5 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día. 1. Un Dios que existió por siempre. La Biblia comienza con la declaración muy sencilla: «En el principio Dios creó los cielos y la tierra», Génesis 1:1. Al dirigirse a toda clase de personas, emplea el lenguaje común de la vida cotidiana y no el lenguaje técnico de la filosofía. El término hebreo bereshith (literalmente «en principio») es en sí mismo indefinido y naturalmente da pie a la pregunta ¿En el principio de qué? Sería mejor tomar la expresión en el sentido absoluto como una indicación del principio de todas las cosas temporales e incluso del tiempo en sí; pero Keil es de la opinión que esto se refiere al principio de la obra de creación. Técnicamente hablando, no es correcto suponer que el tiempo ya estaba en existencia cuando Dios creó el mundo, y que Él en algún punto en ese tiempo existente, llamado «el principio», diera a luz el universo. El tiempo es una de las formas de toda la existencia creada y por consiguiente pudo no existir antes de la creación. Por esa razón Agustín pensó que sería más correcto decir que el mundo fue creado cum tempore (con tiempo) que afirmar que fue creado in tempore (en tiempo). La gran importancia de la declaración inaugural de la Biblia reside en su enseñanza de que el mundo tuvo un comienzo. La Escritura habla de este comienzo también en otros lugares, Mateo 19:4, 8; Marcos 10:6; Juan 1:1, 2; Hebreos 1:10. Que el mundo tuviera un comienzo también está implícito claramente en pasajes tales como el Salmo 90:2, «Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios»; y el Salmo 102:25, «Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos». 2. Una creación hecha desde lo que no existía. Esta descripción de la creación de los cielos y la tierra por parte de Dios se comprende como:1) reciente, es decir, hace miles, no millones de años; 2) ex nihilo, es decir, de la nada; y 3) especial, es decir, en seis períodos consecutivos de 24 horas llamados “días” y que se distinguen además como tales por esta frase: “tarde y mañana”. Las Escrituras no sustentan una fecha de creación anterior alrededor de unos 10.000 años. En el principio. En tanto que Dios existe eternamente (Sal. 90:2), esto señaló el principio del universo en el tiempo y en el espacio. Al explicar la identidad y el propósito de Israel a esta nación en los campos de Moab, Dios quería que su pueblo conociese acerca del origen del mundo en el que se encontraban. creó. Esta palabra se usa aquí de la actividad creativa de Dios sola, aunque ocasionalmente se emplea en otros lugares de materia ya existente (Is. 65:18). El contexto exige en términos concluyentes que esta fue una creación sin materia preexistente (como lo hace otra Escritura: compare Is. 40:28; 45:8, 12, 18; 48:13; Jer. 10:16; Hch. 17:24). 3. Una convocación a la existencia. a. Existencia del tiempo. b. Existencia del espacio. c. Existencia de la materia. d. Existencia de la vida. Conclusión: La Biblia enseña que Dios es eterno, existiendo antes de todas las cosas, sin principio ni fin. Él siempre ha estado allí, no vino de ninguna parte, y es el eterno Dios[1][2]. Como Creador, Dios es la fuente de toda vida, creando de la nada, y su carácter se caracteriza por ser justo, santo, amoroso y misericordioso[1]. Es importante destacar que ningún científico o historiador estuvo presente cuando “nació” el universo, por lo que aparte de la Palabra de Dios, solo existen conjeturas e interpretaciones[2]. Jesucristo está presente desde el principio de la historia, en la creación de todo, siendo el creador, sustentador y orquestador de la vida[3]. Sorprendentemente, Dios, siendo autosuficiente, nos creó por amor, para demostrar su bondad y enseñarnos a amarle, con el propósito final de que la tierra sea llena del conocimiento de su gloria[3]. [1] Rebecca Manley Pippert, Sal: En un mundo cambiante, el evangelio sigue siendo relevante, trad. Dorcas González (Barcelona, España: Andamio; Gbuconecta, 2021), 86. [2] Jill Masters, Enseñanzas para toda la vida 1, trad. María Mercè Gómez de Travesedo Ferré (Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino, 2006), 42. [3] Un año con Jesús (Nashville, TN: B&H Español, 2022), 3.